viernes, 28 de abril de 2017

Primera vuelta y cambio de época

Abril, 2017

El senador Walker tiene razón cuando afirma que la Nueva Mayoría se acabó con la bajada de Lagos. Sin embargo, ese hecho político es el signo de algo mayor: es la  derrota política de la élite concertacionista que ha vuelto a perder por tercera vez. ¿Por tercera vez?

La primera vez, cuando en el 2009 perdieron con Frei el gobierno después de 20 años. Luego, perdió cuando se instaló la política reformista de tipo igualitarista con “retroexcavadora” incluida. Pareció recuperar el poder en mayo del 2015 cuando sale del Ministerio del Interior el PPD, Rodrigo Peñailillo, y entra la dupla Burgos-Valdés. Es el momento en que la “restauración conservadora” retoma el control político de la coalición y de la agenda con la intensión de darle un giro al gobierno y al conglomerado con la tesis de los cambios graduales y consensuales sin “retroexcavadora”.  Las reformas continuaron en configuración híbrida y las tensiones se hicieron irreconciliables. Hoy, la derrota de Lagos es el hito final de una larga historia que puede ser titulada como “del dedo de Lagos a la derrota de Lagos”.

Estos hechos, junto a otras evidencias, muestran que estamos en un cambio de época. Se viene debatiendo ampliamente desde el gobierno de Piñera que vivimos una coyuntura de cambios políticos y sociales de la más amplia variedad. De hecho, el discurso de campaña de la Bachelet igualitarista en el 2013 se construyó simbólica y políticamente sobre la idea de que estábamos en un “cambio de ciclo”. Es más, el debate intelectual de la derecha esta cruzado muy fuertemente por esa fractura.

La caída de Lagos, es la derrota de la aristocracia DC y de la socialdemocracia chilena que no logra expresión orgánica y que se encuentra repartida en sectores del radicalismo, del socialismo y del PPD. El sueño del gran partido socialdemócrata está pendiente. La caída de Lagos, es la derrota de  los Walker, de Zaldívar, de la dupla Alvear- Martínez, de los Aylwin, de los Frei, de Escalona,  Tironi, Correa, Brunner y tantos otros que diseñaron la “blancura neoliberal”.

Con Lagos, cae una época y una modalidad política construida sobre la negociación duopolica y el consenso casi “religioso” sobre el modelo de desarrollo. La derrota política y “proto electoral” de Lagos, es el signo de la disolución –por cierto, lenta, compleja e incierta- de un modelo político y de un tipo de sociedad. Con Lagos, se viene abajo un modelo político diseñado para la economía y los negocios. La caída de Lagos, es el signo de que cada vez estamos más cerca de entrar a la tierra prometida: el nuevo ciclo.

La coyuntura presidencial de hoy está inserta en ese pantanoso escenario de cambio político y social. En la derecha y en el Frente Amplio los escenarios están estructuralmente ya definidos. Al contrario, los nudos políticos terminales no logran aclarar el panorama en la Nueva Mayoría. Sin embargo, hay dos certezas: que la Nueva Mayoría, incluso en términos de posicionamiento de marca, no tiene viabilidad política y que el candidato es Guillier con primaria o sin primaria, con la DC o sin la DC.

En ese escenario, la DC tiene dos opciones: ir a primaria y competir con el candidato de la continuidad reformista o ir a primera vuelta y competir con ese mismo candidato, con Piñera y eventualmente con otros.  El polo progresista, candidato incluido, vuelve a insistir en el mensaje: sin primaria, no hay lista parlamentaria común; y, con ello, se termina la Nueva Mayoría. La DC, a su vez, rechaza las amenazas.

El escenario de cambio de época política unido a la crisis terminal de la Nueva Mayoría son condiciones favorables para que la DC decida ir a primera vuelta. Al parecer, se va imponer la tesis de la “restauración conservadora” DC y se va romper no sólo una tradición presidencial, sino también una modalidad de “pacto político” en la centro-izquierda.

Sin van a primera vuelta, hay 3 incógnitas que resolver. La primera, que se puede seguir en pacto bajo ciertas condiciones programáticas, sobre todo, considerando que la esencia es el pacto de centro-izquierda y no la forma Nueva Mayoría y que hay muchas coincidencias con la socialdemocracia del conglomerado. Segundo, que se podría pactar apoyo para la segunda vuelta, nuevamente bajo ciertas condiciones; y tercero, que se podría acordar, no necesariamente amarrado a lo anterior- una lista parlamentaria común. El mensaje es el siguiente: vamos a primera vuelta, pactamos apoyo presidencial mutuo para la segunda vuelta y llevamos una lista parlamentaria única o en sub-pacto con él PPD.

El desenlace de esos dilemas depende de si deciden ir a primera vuelta o competir al interior de la Nueva Mayoría. Asociado, a ello, surgen dos preguntas: ¿por qué necesariamente ir a primera vuelta implica romper la Nueva Mayoría y/o condicionar una lista parlamentaria?, ¿por qué necesariamente ir a primera vuelta implica romper la alianza histórica de centro-izquierda?

La respuesta es, sin duda, política. De presión política. De tácticas de poder. De hecho, es perfectamente posible y viable ir a primera vuelta y tener un acuerdo parlamentario con los socios históricos y un apoyo mutuo para segunda vuelta. Finalmente, es una cuestión de cálculo electoral.

En este contexto, lo más relevante que tienen que despejar es la cuestión parlamentaria. La eventual derrota parlamentaria y el aislamiento político que implica esa decisión son las mayores preocupaciones y frenos para el camino propio. De hecho, todos los ejercicios de simulación electoral muestran que la DC tendría una representación parlamentaria bastante modesta. Las cifras oscilan entre 15 y 25 diputados. Ahora, si a esto agregamos una derrota presidencial, sobre todo, de magnitud significativa, el panorama político interno se vería fuertemente tensionado. Sin duda, el camino propio es una apuesta arriesgada y valiente. 

En consecuencia, se dibujan dos escenarios. En el primero, la DC va a primera vuelta con una lista parlamentaria propia –camino propio radical-; y, en el segundo, la DC va a primera vuelta y logra mantener la alianza con la centroizquierda, expresada en un acuerdo parlamentario y apoyo para segunda vuelta –camino propio flexible-.

Esta última opción es la que comienza a ganar adeptos. No obstante, si se impone el “camino propio radical” será no sólo el fin de la Nueva Mayoría y la alianza de centro-izquierda, sino también la antesala de una derrota presidencial y parlamentaria de proporciones con profundas consecuencias internas y para el destino de las “reformas progresistas”. Al contrario, si se impone el “camino propio flexible” –que, además resguarda bastante bien la unidad del partido- se salva la coalición de centro-izquierda, se mantiene un buen rendimiento parlamentario para todos, aumentan las probabilidades de mantenerse en el gobierno –hoy, están afuera- y se mantiene un buen arreglo político-electoral para defender las reformas.

Las señalas de las últimas horas apuntan al “camino propio flexible” y al acercamiento. Las cartas ya se jugaron. Si bien, todo indica que Guillier y Goic competirán en primera vuelta, las posibilidades de que se mantenga la coalición, bajo nuevas modalidades, es cada vez más probable; sobre todo, considerando que la lista parlamentaria es el ente aglutinador y la defensa de las reformas el objeto motivador. Eso, es lo que se intentará la DC post Junta Nacional.  Este es, sin duda, el mejor escenario para la DC. 

Desde ese momento, el mensaje político que recibieron hace unos días de que si van a primera vuelta, no hay pacto parlamentario, se va poner a prueba. Sin embargo, todo intento de unidad política –no meramente, electoral- estará condenado al fracaso, si no se resuelve la contradicción principal del conglomerado: que en su interior no pueden convivir neoliberales y anti-neoliberales

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