sábado, 21 de febrero de 2015

El posicionamiento presidencial de Marco en las encuestas. Cerca, pero falta.

Febrero 2015

El eje político-programático de las próximas presidenciales ya está instalado. En efecto, todo el debate presidencial que viene va girar en torno a las reformas que se han impulsado en esta etapa y las que se van a proponer para el otro período. En general, será una coyuntura en que los ciudadanos se van a pronunciar sobre la profundización, consolidación o retroceso de las reformas. Más reformas o menos reformas será la disyuntiva. Desde hace un tiempo, Allamand viene anunciado que la presidencial será una especie de plebiscito para la reforma educacional. Es más, desde la oposición se ha escuchado en varias oportunidades decir que apenas sean gobierno vendrá una ofensiva contra-reformista. En este contexto, ¿qué rol juega y que perspectivas se abren para Marco?

Tres son las problemáticas que debe sortear para para convertirse en Presidente de Chile. En primer lugar, debe mantener su posicionamiento presidencial en las encuestas. Esto es vital, fundamental y decisivo; del mismo modo, que lo fue para Piñera o Bachelet en su momento. En segundo lugar, las reformas que se están impulsando deben gozar de buena salud; es decir, tener alto nivel de aprobación ciudadana. Y en tercer lugar, resolver sus tensiones favorablemente con la Nueva Mayoría.

En esta ocasión el análisis pone atención en el primer problema. Las encuestas desde que asumió Bachelet lo ubican en una posición de privilegio. No cabe duda. De hecho, son estos resultados los que han ido generando condiciones políticas para ir construyendo puentes con sectores de la Nueva Mayoría, incluyendo algunos DC.

¿Qué datos entrega la CEP?  A la fecha hemos conocido dos encuestas –junio y diciembre-. En ambas Marco aparece con un muy buen posicionamiento presidencial. Dos son las preguntas que se pueden interpretar en esta perspectiva: conocimiento de la figura política y evaluación positiva/negativa. Sin embargo, ninguna de las dos es una pregunta que interroga de manera directa sobre opciones presidenciales. No obstante, la pregunta sobre el conocimiento es muy interesante cuando profundizamos en ella. De todos modo, dan pista de la competencia presidencial.

La sobre el conocimiento del personaje público. La lectura política de esta pregunta tiene dos líneas. La primera, afirma que para ser Presidente hay que ser conocido. De hecho, mientras más conocido, más probabilidades de ser Presidente. La segunda, afirma que para ser Presidente hay que ser conocido por sobre el 97%.

En el 2005, Bachelet gana la presidencial con un 98% de conocimiento; en el 2009, Piñera gana la presidencial con un 99% de conocimiento; y en el 2013, Bachelet con el 99% de conocimiento. Es más, siempre los más conocidos son las figuras mejor posicionadas en términos presidenciales: Lagos, Frei, Piñera, Bachelet y Lavín aparecen siempre entre los más conocidos con una cifra que no baja del 97%. En consecuencia, podemos plantear la hipótesis de que para ser Presidente hay que tener un nivel de conocimiento superior al 97%. ¿Cómo esta Marco?

La medición de Junio muestra que Marco es conocido en un 94%, detrás de Piñera y Bachelet que alcanzan el 99% cada uno. En la última medición del año llega al 92%. La baja de dos puntos la podemos interpretar como una diferencia no significativa que está en el rango de error de la encuesta. El promedio de ambas mediciones es del 93%. Lo relevante, es que si analizamos esta pregunta desde el 2010 sólo una vez ha sobrepasado el 95% de conocimiento., llegando al 96% en octubre del 2009.

Si analizamos este indicador a lo largo del tiempo vemos que en 12 mediciones entre noviembre del 2009 y noviembre del 2014 el promedio de Marco es del 93%, la misma cifra, de sus dos últimas mediciones.

En consecuencia, Marco está cerca de posicionarse como opción presidencial con altas probabilidades de convertirse en Presidente de Chile. Aún más, en esta pasada ya no compite con presidentes, ni ex presidentes. Por ello, Marco ocupa el primer lugar en el contexto de los nuevos liderazgos presidenciales: Lagos Weber, Tohá, Velasco, I. Allende, Peñailillo, Girardi, Ossandón, L. Pérez no llegan al 90% de conocimiento.

La otra pregunta de esta encuesta se relaciona con la valoración positiva o negativa de los políticos de una lista cerrada de opciones. Los datos muestran que se trata de una pregunta poco predictiva desde el punto presidencial. No obstante, nos muestra que se puede ganar la presidencial con menos del 50% de valoración positiva; de hecho, Piñera ganó con el 43%. A su vez, Bachelet lo hizo en el 2005 con el 62% y en el 2013 con el 61%.

Los datos de las dos últimas mediciones ubican a Marco con una valoración positiva del 44% en junio 2013 y del 50%  en noviembre del mismo año. Un alza, significativa de 6 puntos. Desde fines del 2009 y en el marco de 12 mediciones, observamos que su mayor valoración ocurre en octubre del 2009 con un 52%. Desde entonces hay un largo período de bajas y alzas significativas llegando a un mínimo del 36% -a fines 2010- y  a un máximo del 44% -en junio del 2010-.

Sólo desde el 2013 y en el contexto del nuevo ciclo presidencial comienza un alza significativa en su valoración positiva pasando entre julio y octubre del 2013 del 37% al 45% con un alza de 8 puntos. La medición de junio del 2014 muestra una consolidación de esa alza con el 44%. Finalmente, la medición de noviembre muestra otra alza significativa de seis puntos llegando al 50% de valoración positiva y ubicándose nuevamente entre los mejores posicionados junto a Bachelet (50%), I. Allende (49%), Peñailillo (42%), Velasco, Ossandón y Lagos Weber con un 43%.

¿Qué datos entrega CERC-MORI?  Los datos de esta encuesta muestran 3 preguntas que no sólo se pueden leer en clave presidencial, sino también muestran un alto nivel predictivo: los cinco políticos con más futuro, quien le gustaría fuese el próximo presidente y quien cree será el próximo presidente. En las tres preguntas Marco tiene el mejor posicionamiento presidencial. De hecho, el único que se muestra competitivo es Piñera y Velasco.

“Los 5 políticos con más futuro” es una pregunta muy predictiva. De hecho, para ser Presidente hay que estar en esa lista. Marco está en ella desde el 2012 de manera estable. No obstante, sus números si bien hoy son los más altos está lejos de lo que este indicar exige para convertirse en presidente: Bachelet sobrepasaba el 50% en su primera elección y llegó al 49% en la última presidencial. Piñera, marcaba 47% cuando ganó la elección a fines del 2009.

La evolución de Marco en este indicador muestra que a fines del 2008 marcaba 1%. Un año después –a semanas de la presidencial- llegaba al 37%. Luego, a fines del 2010 bajaba significativamente al 6% y quedaba fuera del “top five” presidencial. Esta cifra se mantiene a fines del 2011.

El alza se observa desde el 2012 cuando a fin de año llega al 24% y se ubica en el tercer lugar. La medición de mediados del 2013 muestra un alza de tres puntos y se instala en el segundo lugar del ranking con el 27%. Durante el 2014 baja significativamente al 18% y se instala, no obstante, en el primer lugar. La medición de enero del 2015 lo mantiene como el político con más futuro y con un alza de 4 puntos para llegar al 22%.

La pregunta por ¿quién le gustaría que fuera el próximo presidente de Chile? muestra que el que está en el número uno de esta lista es el que se convierte en presidente de Chile. Así, Piñera ganó la presidencial del 2009 estando en el primer lugar de este ranking con el 38%. Lo mismo con Bachelet que en el 2013 marcó 45% y a fines del 2005 un 43%. Hoy, Marco está lejos de esas cifras.

La evolución de Marco en este indicador muestra que en abril del 2009 marcaba un 1%. A fin de año –a semanas de la presidencial- llegaba al 17%; 21 puntos menos que Piñera y empatado con Frei. La medición se retoma en el 2012 y Marco en dos años ha bajado de manera significativa al 4%. Será, una cifra similar a la del 2013. La baja y el estancamiento son evidentes.

El alza significativa se produce en el 2014 cuando en octubre sube al 10% y se estabiliza en enero en torno al 11%. Si bien esta en el primer lugar del ranking, se encuentra bastante lejos de lo que el indicador exige para convertirse en presidente que oscila –según las tres últimas elecciones- en torno al 40%.

¿Quién cree que será el próximo presidente? tiene la misma lógica política que la anterior y se puede leer como “imagen de triunfo”. Bachelet a fines del 2005 y del 2013 marcaba respectivamente un 64% y un 66% respectivamente. A su vez, Piñera lograba en este indicador el 52%.

La evolución de Marco en este indicador muestra que en julio del 2009 marcaba un 3%. A fin de año –a semanas de la presidencial- llegaba al 7%; 45 puntos menos que Piñera. La medición se retoma en el 2011 y Marco  baja al 3% en agosto y sube al 5% en diciembre. Durante el 2012 y el 2013 sus cifras en este indicador son muy bajas. En junio del 2013 está marcando un 1%; es decir, nadie creía que sería elegido presidente.

La pregunta se retoma en el 2015 y Marco tiene un alza significativa y se ubica en el primer lugar del ranking con el 7% junto a Piñera. Si bien esta en el primer lugar del ranking, se encuentra bastante lejos de lo que el indicador exige para convertirse en presidente que oscila –según las tres últimas elecciones- en torno al 60%.

Hemos revisado de manera breve 5 preguntas sobre posicionamiento presidencial desde que se inició el nuevo ciclo presidencial en marzo del 2014. En todas, Marco es el que muestra mejores rendimientos. De hecho, si hoy fuera la elección presidencial –sin considerar otras relevantes variables del contexto político- “Marquito” se convertiría en Presidente de Chile.

No obstante, para lograr el “objetivo político” queda mucho trabajo por hacer. Si bien esta en el primer lugar en todas las preguntas, está lejos de las cifras que debiera tener en cada uno de los cinco indicadores para ganar la presidencial. En conocimiento de los ciudadanos debe subir del 93% al 97%; en valoración positiva debe subir del 22% al 40% -como mínimo-; en relación, a los cinco políticos con más futuro debe subir del 22% al 50%; en relación, a quien “le gustaría” fuera el próximo presidente debe subir del 11% al 40%; y en relación, a quien “cree” será el próximo presidente debe subir del 7% a más del 50%. 

En el Chile de hoy, es fundamental estar en los primeros lugares de las encuestas presidenciales. Ha llegado el momento de profundizar y consolidar su posicionamiento presidencial. Si al terminar el 2015 sigue manteniendo su buen rendimiento no sólo estará en condiciones de negociar y seducir a la Nueva Mayoría, sino también de vitalizar la “era de las reformas”. Cada día tiene su afán. Hoy es el momento de seducir a los ciudadanos. Esta cerca; pero falta. 

jueves, 12 de febrero de 2015

La crisis de la UDI, ¿es terminal?

Febrero 2015

La coyuntura que se abre en el gremialismo por el caso Penta viene a profundizar una situación de crisis  que ya estaba instalada en el partido desde hace un par de años. De hecho, la derrota electoral de proporciones que sufren en las últimas presidenciales y parlamentarias no es más que la prolongación de lo que ya se había anunciado en las municipales del 2012. Es más, los conflictos internos, como las negociaciones por la plantilla parlamentaria o la instalación y bajada de Golborne como carta presidencial, son parte de tensiones que se vienen incubando, a lo menos, desde que se convierten en gobierno con Piñera. Por ello, entender lo que sucede en la UDI hoy requiere insertar esta coyuntura en una cadena larga de acontecimientos que en conjunto van dando pistas en torno a lo que ocurre en el partido y a los posibles desenlaces. En esa dirección, por tanto, surge una pregunta que está en el ambiente y que nadie ha podido responder con certeza: ¿es terminal la actual crisis del gremialismo?

La respuesta es doble: sí y no. Ello, no obstante, no implica que no exista cierta racionalidad en la respuesta.

La crisis de la UDI, sí es terminal porque hasta el momento el gremialismo no ha sabido, no ha podido ni ha querido adaptarse a la condiciones del Chile del nuevo ciclo. ¿Cómo es posible, que escuchemos hoy desde el propio gremialismo que el partido no está en crisis y que no hay nada qué cambiar?

A su vez, hay otros diagnósticos que hablan de que “la marca UDI está agotada”, que el partido pareciera que se está “desangrando”, que han “abandonado sus orígenes” y que no están conectados con la sociedad y las nuevas demandas. Las tensiones internas, sin duda, no podrán sostenerse por mucho tiempo. Cuando ellas terminen su proceso de maduración la coyuntura será terminal. En efecto, hay tensiones internas derivadas de visiones distintas del pasado y del futuro en aspectos que van desde los valores y la “subsidiaridad” hasta las relaciones con la élite, la empresa  y el dinero.

Hay, por tanto, un problema de identidad partidaria que no ha sido resuelto. El tema es complejo y es resultado no sólo de los nuevos tiempos, sino también de un partido que creció de manera explosiva para convertirse en el partido más grande de Chile.

La incapacidad política de adaptarse a las nuevas condiciones socio-políticas de la fase surge de dos hechos profundos e íntimamente relacionados. Ellos, tienen que ver con la construcción del orden neoliberal desde mediados de los setenta y con la defensa “dogmática” que hacen de ese modelo desde los noventa. Primero, junto con los militares diseñaron y ejecutaron un tipo concreto de sociedad que hoy identificamos como neoliberal y que articula tres dimensiones: liberalismo económico extremo sin regulaciones, democracia protegida y cultura conservadora. Segundo, esa institucionalidad la defendieron durante los gobierno de la concertación con el subsidio político de los senadores designados, el binominal y el uso indiscriminado del dinero.

Hoy, en el contexto de una fase política, social, cultural y económica no están en condiciones políticas, legislativas ni ideológicas de defender “la obra”. Aquí, por tanto, se encuentra el ADN de su actual crisis. El “derrumbe del modelo” o si se quiere su “desarticulación” en aspectos fundamentales es correlativo a la crisis proto terminal del gremialismo. Políticamente, no tienen credibilidad, no tienen liderazgos, no tienen fuerza legislativa y han debilitado su relación con el mundo “popular”. Ideológicamente, sus ideas están agotadas y lentamente superadas por los nuevos tiempos. En definitiva, no tiene proyecto. Se ha quedado sin nada que “ofrecerle a Chile”: ¿Cuál es el proyecto político de la UDI hoy?

En consecuencia, cuando se derrumba “su obra” –el Chile Neoliberal-, cuando se quedan sin proyecto político-social y cuando hay tensiones internas latentes de todo tipo y magnitud, sin duda, se genera un escenario complejo que puede conducir al fin del gremialismo. Por ahora, todavía hay disciplina para contener los vientos de cambio.

Como sabemos, el que no se adapta muere. En este recorrido –de la derrota al presente-, lo único que han hecho es cambiar los rostros de la directiva y convertirse en una oposición “hostil” y dogmática. No obstante, el partido sigue hegemonizado por Novoa, por el clasismo y el iluminismo ideológico. Se observa, en consecuencia, con mucha claridad que el gremialismo ha recorrido de manera muy tibia el camino de la adaptación que puede ser “refundacional o un mero ajuste táctico”. Han optado por el segundo camino.

La crisis de la UDI, no es terminal porque hay orgánica partidaria, tradición, voluntad de poder, “estilo UDI” y una generación de políticos –jóvenes y no tan jóvenes- que no se va a ir para la casa a mirar como la política cruza frente a sus ojos. Hay, sin duda, un conjunto de políticos gremialistas que no formaron parte del núcleo fundacional de la UDI y que tampoco pertenecen a la élite empresarial ni tiene vínculos con ellos: Silva, Bellolio, Ward, Hasbún, Molina, Delgado, Carter, De La Maza y tantos otros van a seguir y seguirán vinculados a la política. Lo harán, sin duda, desde la tradición y la historia gremialista. Del mismo modo, Von Baer, Moreira, Pérez y la Van Rysselberghe tienen mucho tiempo más para estar en el Senado y cumplir importantes roles al interior del partido.

Si quieren continuidad partidaria, tiene que haber, sin duda, cambio generacional. Lo hubo, lo hay y está en marcha. Pero, a la vez, requieren ajustar su pensamiento y sus prácticas políticas a las condiciones de los nuevos tiempos.

No sólo hay una nueva generación que asume y asumirá la conducción del partido en lo que viene, sino también una amplia red de militantes, adherentes, simpatizantes, electores, alcaldes, concejales y consejeros regionales que tienen mucho que hacer y decir en la nueva etapa que debe abrir el gremialismo. En ellos, está el futuro del partido y/o de su tradición. El tiempo de los “coroneles” ha comenzado a quedar atrás; como también, la época dorada de la UDI. Ya no hay “mística” se escucha desde las profundidades del partido.

Responder, finalmente, si la UDI está en una crisis terminal es una tarea compleja y arriesgada. Lo evidente, es que hay fuerzas que se dirigen en esa dirección y hay otras que neutralizan las primeras. Hay que tomar decisiones. Pero, mientras no pase el “huracán Penta” no hay mucho que hacer. El futuro del partido dependerá del daño político que generen los dineros Penta. Sin embargo, no sabremos hasta que termine el vendaval. Por ahora, sólo hay pistas. Se viene marzo. Las tensiones no paran. 

sábado, 7 de febrero de 2015

Los dos caminos de la derecha: ¿refundación o ajuste táctico?

Febrero 2015

En política se han visto muertos cargando ataúdes. Piñera salió del piñeragate, Allamand del caso drogas y Novoa del caso Spiniak. La historia de la derecha desde fines de los ochenta ha estado cruzada por profundas crisis, enfrentamientos y derrotas. Luego, en el contexto de la crisis de la concertación y de la breve paz del sector bajo el liderazgo de Piñera se convierten en Gobierno en marzo del 2010. Todo indica, por tanto, que de la actual situación saldrán en algún momento y podrán volver a ser competitivos. El problema es, no obstante, saber cuándo, cómo y bajo qué liderazgos. Eso sí, a corto plazo no se ven buenas perspectivas.

El caso Penta vino a profundizar un escenario de crisis que ya estaba instalado. La crisis de la derecha en general y de la UDI en particular comienza a profundizarse con el conflicto de intereses que domina la primera etapa del gobierno de Piñera –que pone en evidencia la relación incestuosa del sector con los negocios y el dinero-, con las movilizaciones del 2011 que ponen en jaque “el modelo” y con el destape de los escándalos y abusos de los empresarios. Desde entonces, todo es declive y debacle. La guinda de la torta fue la derrota electoral, política e ideológica que sufren en diciembre del 2013.

Desde ese momento se enfrentan a un nuevo desafío político: adaptarse a las nuevas condiciones del país y a la “era de las reformas” que va dominar los siguientes años. Las respuestas, dependiendo de la profundidad, oscilan entre la refundación total y los ajustes estructurales. La derecha opto tibiamente, por el segundo camino.

El error de diagnóstico se observa cuando ambos partidos –RN y la UDI- creen que todo pasa por un cambio de rostros y se instalan nuevas generaciones en la conducción de los partidos. Del mismo modo, creen que hay que hacer ajustes en la declaración de principios. Mientras RN cambio su declaración, la UDI la dejo intacta. Los hechos, han demostrado de manera dramática y vergonzosa que el “cambio de rostros y ajustes en los principios” no son suficientes ni eficientes.
Todo indica que están lejos de encontrar las respuestas. En esa búsqueda han hablado de partido único, de una federación de partidos, de ser más tolerantes con la diversidad, de cambiar los nombres de los referentes, de separar aguas con el mundo empresarial. En fin, un conjunto de respuestas “desesperadas” que no tienen un hilo conductor ni muchas esperanzas de éxito.

La respuesta para salir de la crisis y volver a ser competitiva se encuentra en la política, en la ideología y en la cultura. De alguna manera, podemos decir que la crisis es política, ideológica y cultural. Política, porque han perdido credibilidad, capacidad de liderazgo y desde las próximas elecciones deberán competir en una democracia “sin limitaciones”. Ideológica, porque siguen pensando y creyendo lo mismo que hace 30 años. Cultural, porque siguen anclados en prácticas y esquemas autoritarios y en una visión iluminada de sí mismos.

Desde el punto de vista político es fundamental aceptar y entender que la construcción del orden, de la sociedad, en definitiva del país, ya no puede hacerse bajo las condiciones políticas que imperaron en dictadura y en democracia con los enclaves autoritarios. Desde ahora, no podrán competir con “subsidio político”: ya no hay binominal ni tampoco dinero espurio. En este contexto, deberán instalar liderazgos de nuevo tipo, recuperar “credibilidad” y reconstruir sus estructuras partidarias.

Desde el punto de vista ideológico es fundamental aceptar y entender que las ideas que dominan su universo ideológico son las mismas que fundaron el neoliberalismo chileno a mediados de los setenta. Son las mismas, que usaron para defender y cuidar el modelo durante los años de la Concertación; y, son las mismas, que hoy instalan para oponerse a las reformas. Es más, son las mismas que están usando para salir de la crisis.

Probablemente, en esta dimensión se encuentre su mayor debilidad. Están, en definitiva, atrapados en un liberalismo económico ortodoxo que se transforma en fundamentalismo económico en que todo es crecimiento, en que el éxito de un país y de una sociedad depende del crecimiento económico, en que todo es un “bien de consumo”, en qué el desarrollo humano se inscribe en la lógica del ingreso per-cápita, en qué el único derecho trascendente es el “derecho a la propiedad” y que el Estado solo debe tener un rol “subsidiario”.

Ha llegado, por tanto, el momento de adaptar su imaginario ideológico a las condiciones culturales, políticas y económicas del nuevo ciclo chileno. Ha llegado, el momento de pensar, de pensarse a sí misma y de pensar el nuevo Chile sin “subsidio político” y sin ortodoxia liberal ni soberbia técnica.

Sin duda, que la lucha política es intensa y no deja espacio para la reflexión. Hay graves problemas para avanzar en este punto: ¿quiénes son los intelectuales de la derecha de hoy?, ¿quiénes están pensando al sector y su proyección?, ¿quiénes están pensando en el Chile de los próximos 20-30 años?, ¿quiénes están pensado el liberalismo de los nuevos tiempos?, ¿quién está pensando el Chile del nuevo ciclo?

En esta dimensión está en juego el proyecto que quieren ofrecerle a Chile. La derecha, ha quedado sin proyecto país. Lo instalaron con Pinochet, lo defendieron durante los gobiernos de la Concertación y lo defienden hoy con posturas contra reformistas: ¿qué pueden ofrecer hoy?, ¿más modelo?

Desde el punto de vista cultural la tradición autoritaria de la derecha chilena se tensiona con un orden plural, diverso y democrático. Este hecho no sólo se expresa en que la diversidad que surge desde las profundidades de la cultura se ve limitada por sus rasgos autoritarios que terminan por traicionar, incluso, su limitado liberalismo, sino también en pensar y creer que sus ideas son “verdades develadas” y las únicas capaces de sacar al país de la pobreza y el subdesarrollo y hacer del hombre y ser feliz. Al pensar en que sus ideas son “infalibles” caen en la soberbia y terminan creando una visión iluminada y narcisista de sí mismos. El gobierno de Piñera es la máxima expresión de esto último.


En consecuencia, superar su debilidad política, su dogmatismo ideológico y su autoritarismo cultural son las condiciones necesarias para comenzar a revertir su actual situación y volver a ser competitivos. En ese camino, debe aprender a competir sin subsidio político, a revalorizar el rol del Estado, de lo público y el valor de la inclusión, a pensar que la igualdad no se opone a la libertad y que la libertad no sólo es económica, sino también política y cultural. ¿Refundación o ajuste estructural?