domingo, 21 de septiembre de 2014

Las claves de la próxima presidencial

Septiembre-2014

El tema presidencial  se ha ido instalando lentamente en la coyuntura. Esto no debiera extrañar en las democracias –menos en la chilena-; aún cuando, falte mucho tiempo para la elección de fines del 2017. En efecto, en las democracias presidenciales la elección del Presidente está siempre presente y oscila entre la latencia y la manifestación; entre la oscuridad y la transparencia; entre la especulación y el silencio.

El hiper presidencialismo chileno, el período presidencial de 4 años y las aspiraciones y vocaciones de poder de “los políticos y partidos”, generan las condiciones políticas para que en Chile la cuestión presidencial sea recurrente y se instale en la coyuntura cada cierto tiempo con una intensidad que va en aumento en la medida en que se manifiestan los grandes hitos de la carrera presidencial –por ejemplo, las nominaciones y las primarias- y se acerque la fecha de la elección final.

En consecuencia, debemos acostumbrarnos a convivir con las presidenciales, los presidenciables y sus posicionamientos. Es más, para los medios es un tema que prende muy rápidamente. Cada actor político, por tanto, tiene sus propios tiempos, ritmos y objetivos; y los ponen en movimiento en función de sus cálculos y olfatos.

La presidencial que tenemos en tres años más comenzó en rigor, a lo menos, desde el período de Piñera. De hecho, al terminar su mandato ya habían algunos corriendo: Piñera, Allamand, Velasco y Marco. Es más, a pocos días de la segunda vuelta presidencial, el Senador Espina reconoce que está pensando en ser pre-candidato presidencial de su partido. Luego, durante la primera semana de Enero del 2014 –antes de asumir Bachelet y de tener gabinete- afirma que RN debía elegir su abanderado presidencial por medio de primarias y que este mismo mecanismo debía usar la centro-derecha para elegir el candidato del sector.

Por tanto, no debe extrañarnos que cada cierto tiempo el tema presidencial entre a la coyuntura y sea parte de la agenda político-mediática. La presidencial ya está entre nosotros. De hecho, no tienen ningún sustento –ni menos político- las críticas que surgen –sobre todo, desde el oficialismo- de que a seis meses de haberse iniciado la segunda gestión de Bachelet ya se haya instalado el tema presidencial con una lista de presidenciables que oscila en torno a los 25 nombres.

Los últimos sucesos apuntan a la confirmación de las aspiraciones de Moreira –que habla de competir en una primara al interior del gremialismo en representación de la UDI popular- y de las necesidades de Gutermberg Martínez de apurar la nominación de la DC. Y, junto a estos hechos, encontramos los datos que entregó la última CEP y que fueron leídos en clave presidencial como los posicionamientos de Velasco, MEO, Isabel Allende, Piñera, Ossandón y Allamand. Y mientras tanto, Longueira resucita a Insulza, Walker –siguiendo al Gute- busca candidato presidencial para las municipales de dos años más y se intensifican los contactos entre MEO y el PS. Todo está por ocurrir

Vemos, en consecuencia, que  el debate mediático y político que se ha ido desarrollando en torno a las próxima presidencial ha puesto atención en los nombres que surgen de un u otro lado del espectro político.

No obstante, los procesos y las dinámicas presidenciales no sólo se constituyen en torno a “los nombres”, es decir, a los postulantes-aspirantes, sino también en torno a los mecanismos internos que cada partido y/o coalición usa para “escoger” su presidenciable y a los contenidos programáticos que forman y formaran parte del debate presidencial.

No voy a entrar a identificar a los postulantes y sus posicionamientos actuales. Todos sabemos quiénes son, quiénes tienen mejor posicionamiento y quiénes tienen la voluntad de poder. Quiero, por tanto, poner atención en los mecanismos y en los contenidos.

Los mecanismos. Desde todos los sectores se ha escuchado que se harán primarias. Pero, no sólo se trata de poner en marcha este mecanismo al interior de las coaliciones, sino también al interior de los partidos. De hecho, mientras en la derecha se ha escuchado con más fuerza el uso de las primarias al interior de cada partido para definir el abanderado presidencial, en el oficialismo hay más certezas en torno a una gran primaria de “centro-izquierda” y más dudas en torno a que ocurran al interior de cada partido, sobre todo, los que se ubican en la izquierda de la Nueva Mayoría. De hecho, Walker acaba de afirmar que le gusta el mecanismo de las primarias “abiertas y vinculantes… (pero)… no se puede descartar una competencia en primera vuelta. Uno no puede casarse con los mecanismos”.

Los contenidos. La próxima elección presidencial se va definir en términos programáticos en función de las continuidades y rupturas que se instalen con respecto al programa de reformas que impulsa Bachelet y la Nueva Mayoría. Del mismo modo, la elección se va decidir en términos de ganador-perdedor en función de profundizar, continuar, consolidar, suavizar, debilitar y/o terminar con en el “programa de la inclusión”. Aquí, por tanto, está la clave de la presidencial que se nos viene.

En consecuencia, la dimensión satisfacción-insatisfacción ciudadana con la implementación de las “reformas estructurales” que pone en marcha Bachelet, será el eje fundamental de la contienda presidencial. Algo parecido planteaba el ex presidente Lagos –hace unos días atrás- cuando afirmaba que “si usted hace algo que va en contra del sentido común de una gran mayoría del país, se corre el riesgo de que eso se plantee como bandera de lucha de la oposición. No me gustaría, por ejemplo, que esta reforma tributaria que se va aprobar termine siendo la bandera de lucha de la derecha para derogarla en la próxima elección presidencial”.

Por ello, el impacto que tendrán las reformas -tributaria, educacional, laboral, política y valórica-  en la ciudadanía y la forma de percibirlas –“para bien o para mal”- es la variable fundamental de la próxima presidencial; al punto, de definir los contenidos programáticos y decidir el resultado de la elección. Debido, a que todavía estamos en una fase de implementación y diseño de las reformas, es muy prematuro tener certezas en cómo se va dar el debate programático y que énfasis y enfoques se van a instalar.

En lo que si hay certeza, es que será una coyuntura ideológica y política en la que seguirán en pugna modelos de sociedad bastante opuestos. Mientras unos buscarán profundizar las reformas contra neo-liberales, otros intentarán suavizarlas, limitarlas, frenarlas o eliminarlas. Mientras unos buscarán profundizar las reformas progresistas, otros intentarán suavizarlas, limitarlas, frenarlas o eliminarlas: más reformas o menos reformas será la clave.


Al final, son los ciudadanos los que deberán definir el futuro de las reformas. Y, los postulantes, por tanto, serán aquellos que mejor encarnen la tensión entre la continuidad de las reformas o el quiebre de las mismas. Faltan tres años para las presidenciales, dos años y medio para las primarias generales –si es que hay- y dos años para las municipales. La tectónica del poder ya se mueve en clave presidencial. El asunto no es “extemporáneo ni impropio”. Cada coyuntura tiene su afán y la política es siempre futuro. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Lagos, el Capital y la Empresa Privada

Septiembre-2014

El ex presidente Lagos entra a la coyuntura hablando del largo plazo, valorando el rol de los mercados, del sector privado  e invitándonos a pensar el Chile de los próximos 15, 20 y 30 años. Lagos se muestra al país como un estadista que “piensa en grande” y que está más allá de la “cosa chica”. La irrupción comenzó a fines de agosto cuando habla en Icare en el marco del tercer Congreso “Empresa y Sociedad” sobre la colaboración “público-privado”: ¿qué dijo en esa oportunidad, qué efectos produjo en el debate político del país; y, es cierto que critico de modo velado a la actual administración? son algunas de las preguntas que pretendemos responder en lo que sigue.

Lo primero que debemos constatar es que fue invitado por el empresariado, a hablar desde una de sus tribunas y donde los que escucharon en “vivo” fueron los propios empresarios; y, que al final, aplaudieron fuertemente la intervención del ex mandatario. Es más, hay que agregar que su irrupción en el escenario de la coyuntura continuo días después no sólo por los efectos y las reacciones del mundo político, sino también por las siguientes intervenciones que realiza desde El Mercurio y desde la Tercera.

Los medios rápidamente convierten algunas frases de su discurso en Icare en un “hecho político”. Lo que se mostró y difundió con más intensidad fue cuando afirma que “falta voluntad política… y que… todo lo consecionable hay que concesionarlo”. Obviamente, el impacto de estas frases oscurecieron las profundidades de sus planteamientos al sacarlas del contexto.

Lagos, fue invitado a hablar sobre la colaboración público-privado. En esa perspectiva, su intervención comienza afirmando que la relación público-privado ha existido siempre y que es “un tema recurrente… desde tiempos inmemoriales”. Ahora, el tipo de relación que se da entre ambos espacios y el peso o influencia que cada uno tiene depende de las condiciones particulares de cada sociedad. Para Lagos, esta relación puede entenderse como una triada que vincula y articula –de un modo históricamente determinado- “sociedad, mercado y Estado”.

Muchos, son los ejemplos que muestran la “colaboración público-privado”; o si se quiere, la colaboración entre el Estado y el capital privado –empresa capitalista-. Para ilustrar un tipo de relación y cooperación pone atención en lo que ocurre en Chile entre 1992 y 2008; momento en que se comienza a producir un distanciamiento entre ambas esferas de la sociedad. De hecho, afirma que “se han perdido 8 años” y que ha llegado el momento de “ponerse los pantalones” y volver a “pensar en grande”.

Para Lagos, el primer requisito para que exista de modo eficiente esta colaboración tiene que “iniciarse compartiendo una mirada, una visión, un sueño, de cómo entendemos y ordenamos el Chile de los próximos 15, 30 años”. Aquí, una primera reflexión: el país para su desarrollo necesita que el Estado y los privados colaboren sobre miradas comunes de largo plazo en relación a distintos aspectos a definir e identificar para el país. Uno de ellos, fue el área de la infraestructura y la opción por las concesiones cuyos comienzos los ubica en 1992; sobre todo, desde el ’94 cuando se convierte en Ministro de Obras Públicas. El mismo relata que en ese momento “me metí en los números y el déficit de infraestructura era gigante”.

Había un problema: no había plata; no había como financiar las obras. ¿Qué se hizo?  Según Lagos, no sólo “se hizo una mirada larga y ambiciosa”, sino también “se explicó” a los privados los beneficios que podían obtener y “terminamos en una industria de doce mil millones de dólares” sin considerar los activos del metro y aeropuertos. En consecuencia, “llegamos hoy a los 20 mil millones de dólares en activos”. Para Lagos, “esto se planteó entendiendo que teníamos que tener un sistema de concesiones e incorporar capital privado” para poder financiar las obras que el Estado demanda.

Lo interesante, es que para Lagos estas inversiones en infraestructura no sólo generan rendimientos para el capital, sino también son una forma de “inclusión social”. En efecto, “esta inversión con recursos privados es lo que nos permite mantener la inversión de alta rentabilidad social para hacer una infraestructura inclusiva”. Con esta lógica,  por tanto, “estoy liberando recursos para hacer inclusión social en infraestructura”. E insiste, en que esto “hay que explicarlo al país… así lo hicimos”.

En este momento de su relato se instala en la coyuntura –desde el Olimpo- y afirma que hemos terminado un ciclo político, económico y social y que ello requiere “una nueva mirada de cómo entendemos Chile los próximos 20, 30 años”. ¿Eso, es lo que falta en el Chile de hoy?

Lagos, es categórico. En efecto, hay que construir una visión de país que fomente la colaboración público- privado “con una mirada de largo plazo y no respecto de la pequeña cosa cotidiana…porque ahí es normal que exista una diferencia… hay que tener una mirada común en lo grueso… en el largo plazo y desde ahí comenzar a construir… eso es lo que falta hoy… porque estamos acostumbrados a mirar el próximo período… (es, por tanto)… indispensable esa mirada y planteamiento común”.

Luego, se pregunta por las áreas o espacios en que se puede dar hoy esa colaboración. Siguiendo su documento de marzo del 2011 (“Chile 2030”) identifica 5 áreas en las que hay que avanzar en esta colaboración: infraestructura, energía, cambio climático, desarrollo de las ciudades y procesos migratorios. Insiste, en que en cada uno de estos espacios de cooperación hay que tener no sólo “una mirada común y de largo plazo”, sino también hay que generar una “relación fluida” entre el Estado –sus autoridades- y el mercado –los empresarios-. ¿Este, es otro déficit del Chile de hoy?

Al analizar cada una de esas áreas comienza con infraestructura. En este contexto critica que todavía no haya TAG para salir de Santiago y que “en 8 años ese problema no se ha podido resolver, ¿raro?” se pregunta de modo irónico. Por tanto, “reclamo que la autoridad pública se ponga los pantalones… llame a las consecionarias y les diga que esto no es presentable…. falta mayor decisión pública para llamar a los privados y decirles lo que hay que hacer… digo esto, porque es indispensable esta colaboración público-privado… cuántas autopistas hacemos, que hacemos con el metro, con las vías exclusivas… qué tipo de ciudades queremos…no hay problemas financieros, falta decisión política… mi llamado a pensar en grande”.

Hay plata; hay financiamiento “y es algo que debemos aprovechar ahora”. Y se pregunta ¿por dónde empezamos?  Su respuesta se dirige al metro con el objetivo de desconcentrar la línea uno.

Y, entonces “¿por qué no hacemos una agenda público-privado de cómo vemos el 2030 y lo que implica esto?... aquí, hay espacio para todos… es viable hacerlo… lo fue entre 1992 y el 2008… volvamos hacerlo… hay un espacio enorme para el financiamiento privado… y un espacio enorme para la conducción pública que viene por parte del Estado… que es el que define qué hacer”. Entiendo, afirma Lagos, “que todo lo que es concesionable se concesiona y se liberaban recursos para las necesidades sociales para hacer un país más inclusivo desde el punto de vista de su infraestructura”.

Luego, pone atención en las áreas de ciudad, energía, cambio climático y demografía. Son todos espacios en los que hay que hacer una agenda de colaboración público-privado. De hecho, “no hay razón para no tener una decisión política aquí y ahora de hacerlo… y tener –es decir, construir- una institucionalidad que permita tener un lugar de encuentro entre ambos espacios… un punto de encuentro en lo grueso hacia donde queremos llegar”.

“Nos está faltando ponernos al día… una meta”, afirma Lagos. Para, el ex presidente, esto se debe –entre otros- a que cada gobierno que llega cree que es mejor que el anterior y que la historia de Chile comienza con ellos, olvidando que siempre se construye “sobre los hombros de lo anterior” y que hay que pensar en “grande y a largo plazo” en el marco de una inevitable colaboración entre el Estado y la empresa privada.

Entonces, ¿qué ha planteado Lagos en Icare y que mensaje manda a La Moneda?

La polémica quedo instalada. Desde todos los sectores hubo reacciones. Mientras la oposición celebro el discurso y llamo al gobierno a seguir el ejemplo, en el oficialismo hubo cautela, molestia y reacción. Cautela, porque no se hablo mucho y se destacó la visión de estadista de Lagos; molestia, porque algunos sectores sintieron que se trataba de “fuego amigo” y reacción, porque rápidamente el gobierno instaló una “ambiciosa agenda de obras públicas” que además contribuiría a frenar la desaceleración.

Lo que hace Lagos, en definitiva, es valorar no sólo el rol de la empresa –del capital privado- en el desarrollo de una sociedad, sino también destacar que debe existir entre el mercado y el Estado una relación fluida, común y de largo plazo sobre los grandes temas y desafíos del país. Esto es, justamente, lo que falta en el Chile de hoy.

Lo que hay en la reflexión de Lagos es que el país ha perdido la capacidad “de pensar en grande y a largo plazo” mirando a lo menos hacia el 2030. Este hecho, se viene manifestado desde el 2008 y en rigor desde el 2006 cuando entrega el mando a Bachelet. Por ello, afirma que “se han perdido 8 años”. Sin embargo, una pregunta: acaso ¿la reforma tributaria, laboral, constitucional y educacional que impulsa el bacheletismo, no es pensar en grande y a largo plazo?

Para Lagos, este hecho -el de pensar a corto plazo- ha ido produciendo un distanciamiento y una pérdida de confianza entre el mundo privado y el sector público; sobre todo, desde el momento que se pone en operación el “programa de la igualdad” en marzo del 2014. En consecuencia, esto se traduce en que la posibilidad de compartir una “mirada común” entre el Estado y la empresa se diluye. Esto es, lo que está ocurriendo en el Chile de hoy; y, no es una buena noticia para el desarrollo y el crecimiento.

Por ello, ha llegado el momento de “ponerse los pantalones” –es decir, fuerte y firme- y hacer una agenda público-privado que piense, planifique y construya la infraestructura que el país necesita para los próximos 15, 20 o 30 años. Para este objetivo, la conducción pública es fundamental; y por tanto, se requiere que la autoridad pública tenga la voluntad política no sólo para impulsar esa agenda y seducir al capital –ofreciendo jugosas ganancias-, sino también para generar confianzas y certidumbres en los mercados.


Lamentablemente, para Lagos los tiempos, los espacios y las demandas ciudadanas transcurren por otros senderos. Lamentablemente, para Lagos la inclusión no es sólo una cuestión de infraestructura. Lamentablemente, para Lagos cada día tiene su afán y cada gobierno tiene sus objetivos. Lamentablemente, para Lagos no todo es concesionable. Lamentablemente, para Lagos este gobierno si tiene una tremenda voluntad política para hacer transformaciones. Si, esto último no es voluntad política, ¿qué es?