lunes, 28 de octubre de 2013

El doblaje de Concepción

Octubre 2013
¿Qué pasará con el único doblaje existente hoy en la décimo segunda circunscripción senatorial?; la “Nueva Mayoría”, ¿podrá mantener el doblaje?

Un análisis de posicionamiento electoral a nivel local –en una comuna, en un distrito o en una circunscripción— debe considerar tres momentos. El primero, un análisis electoral de tendencias de largo plazo y de corto plazo. En segundo lugar, las características políticas y los rasgos particulares de cada escenario; y, en tercer lugar, las encuestas de intención de voto que se hacen en la coyuntura a propósito de la elección que se va a realizar.

En este breve análisis se pone atención en los dos primeros aspectos en la perspectiva de ponderar la posibilidad de que en esta elección senatorial se produzca el doblaje por parte de la Nueva Mayoría. Hay que agregar que el análisis considera los resultados que cada pacto logra en la circunscripción en cada una de las elecciones realizadas.

En la circunscripción se han realizado cinco elecciones presidenciales. Al analizar estos resultados en la “perspectiva de los doblajes” se observa que en el ’89 Aylwin con el 59% dobla a Büchi que sacó sólo el 23% de los votos. No obstante, la derecha con la votación de Errázuriz sube al 41% y con ello se anula el doblaje.

En el ’93 compiten seis listas y Frei con el 60% dobla a Alessandri que sacó el 21% de los votos. Si, a este último le agregamos el 5.5% de José Piñera, la votación de la derecha sube al 26%. Se observa, por tanto, que la concertación por sí sola dobla a la derecha. A su vez, si a Frei le sumamos los votos del PC, la votación de lo que hoy sería la “Nueva Mayoría” sube al 65%; y con ello, se supera a la derecha en casi 40 puntos porcentuales.

Como sabemos, la correlación electoral de fuerzas entre la derecha y la concertación se modifica sustancialmente desde fines de los noventa. En efecto, en las presidenciales del ’99 con seis candidatos en competencia, la derecha con Lavín sube 15 puntos porcentuales y llega al 42% de las preferencias. Con esta cifra, todo doblaje es imposible. De hecho, Lagos obtiene el 53% de los votos. Ahora, si le agregamos el voto de los comunistas, la votación sube al 56%. No hay doblaje.

En las presidenciales del 2005 con cuatro competidores, la derecha –con Lavín y Piñera— sube la votación de la presidencial anterior al obtener el 45.6% de los votos. Bachelet, a su vez, llega al 49.6%. No obstante, con esa votación dobla a Piñera (24%) y a Lavín (21%). Si le agregamos a la concertación la votación del PC se sube al 54.3%. Nuevamente, se está lejos del doblaje.

En el 2009 con cuatro competidores, la derecha con Piñera llega al 40% de las preferencias y nuevamente la concertación por sí sola o con el voto de los comunistas no logra doblar a la derecha en su votación.

En consecuencia, a nivel de la circunscripción y en el contexto de proyectar el resultado de las cinco presidenciales realzadas se observa que sólo en dos elecciones –la del ’89 y la del ’93— la concertación logro doblar en votos a la derecha. A su vez, cuando le agregamos el voto del PC esos doblajes se mantienen; es decir, el voto de los comunistas no fue suficiente. Lo relevante para la proyección, es que la distancia para lograr esos doblajes en las últimas tres elecciones fue superior a los 10 puntos porcentuales. Ni siquiera cerca.

A nivel de los diputados las votaciones históricas muestran que a nivel de la circunscripción los doblajes han sido mínimos. En las parlamentarias del ’89 no hay doblaje a nivel regional de la concertación por si misma ni con los votos del PC. No obstante, se produce doblaje cuando se agregan los votos de Hosain Sabag que en esta elección fue como independiente fuera de pacto.

En las parlamentarias del ’93 el doblaje es doble; es decir, la concertación --63.6%-- por sí misma dobla a la derecha que sólo llega al 27.9% de los votos; luego, con los votos del PC la votación de lo que hoy es la “nueva mayoría” sube al 71% de las preferencias.

En las elecciones de 1997 se vuelve a repetir la situación anterior; es decir, el doblaje es doble. La concertación logra el 59.7% de los votos y la derecha el 27%. Con los votos del PC la votación de lo que hoy es la “nueva mayoría” sube al 67%.

En las parlamentarias del 2001 ya no hay doblaje a nivel regional al proyectar los datos de la elección de diputados. La concertación logra el 55.4% de los votos y la derecha sube más de 10 puntos porcentuales al llegar al 39.7%. No hay doblaje. Tampoco ocurre cuando se agregan los votos del PC, ya que, se sube sólo al 60%.

En las parlamentarias del 2005 tampoco hay doblaje. La concertación se estabiliza en torno al 55% y la derecha baja cinco puntos porcentuales al llegar al 34.6% de las preferencias. Con los votos del PC la votación de lo que es hoy la “nueva mayoría” sube al 62.4%. No obstante, para este último caso, se estuvo a un poco más de tres puntos porcentuales.

En las elecciones del 2009 nuevamente no hay doblaje. La concertación y el PC –en el marco de un pacto por omisión— bajan su votación histórica y se instalan en el 51% de los votos. A su vez, la derecha recupera votación y se empina en el 38%.

En síntesis, al agrupar los cuatro distritos --42, 43, 44 y 45— y proyectar los votos a nivel de la 12° circunscripción senatorial en las 6 elecciones realizadas desde el ’89, se observa que la concertación  por sí misma sólo ha logrado doblar a la derecha en dos ocasiones –en el ’93 y en el ’97-. Al agregar los votos del PC, los dos doblajes se mantienen. No obstante, al agregar los votos de Sabag en el ’89 se agrega un doblaje y se sube a tres para el período.

¿Cómo se dan estas proyecciones a nivel local-municipal? 

Los datos muestran que en las tres primeras elecciones municipales –1992, 1996 y 2000— se hubiese producido doblaje. En efecto, la concertación en esas elecciones obtiene a nivel de la circunscripción respectivamente el 58.4%, el 675 y el 64%. A su vez, la derecha obtiene también respectivamente el 23%, el 22% y el 29%. Finalmente, los votos del PC contribuyen a fortalecer estos tres doblajes.

A nivel de alcaldes de la tres elecciones –2004, 2008 y 2012— la concertación por sí misma logra doblaje sólo en la última municipal al llegar al 44.3% y la derecha al 21.3%. Con la votación del PC tampoco hay doblaje en ninguna de las dos primeras elecciones. Lo interesante es que en la última elección la derecha baja su votación de manera muy significativa al pasar del 36.6% --en el 2008— al 21.3% en el 2012.

Cuando analizamos lo que ocurre a nivel de concejales la concertación por sí misma no logra doblar a la derecha ni en el 2004 ni en el 2008. En el 2004 logra el 52.4% de los votos y la derecha el 31.6%. Con los votos del PC –y proyectar lo que hoy es la “nueva mayoría”— se sube al 62.8% de las preferencias y se logra el doblaje por muy pocos votos. En el 2008, al contrario, no hay doblaje con los votos del PC; mientras, la derecha mantiene su votación en torno al 31% la concertación y el PC bajan sus votos al 58.6%. Si bien no hay doblaje se estuvo a dos puntos porcentuales de lograrlo. En la elección del 2012 la “nueva mayoría” logra el 51.6% de las preferencias y la derecha el 27.7%. Si bien no hay doblaje, se estuvo a menos de dos puntos porcentuales de lograrlo.

¿Qué dicen los datos anteriores? 

Entre el ’89 y el 2009 se han realizado 20 elecciones sin considerar las tres senatoriales: cinco presidenciales, seis de diputados, tres municipales generales, tres de alcaldes y tres de concejales. La concertación por sí misma ha logrado doblar a la derecha en ocho oportunidades: dos presidenciales –en el ’89 y en el ’93--; dos de diputados –en el ’93 y en el ’99--, tres municipales generales – en el ’92, ’96 y 2000--- y una de alcaldes –en el 2012--. Cuando agregamos la votación del PC –y proyectamos lo que hubiese sido la votación de la Nueva Mayoría— esos doblajes suben a 10; es decir, al 50%.

¿Qué relación hay entre estas tendencias generales con lo que ocurre a nivel senatorial?

A nivel senatorial, la experiencia nos muestra que de las tres elecciones realizadas –1989, 1997 y 2005— se han producido dos doblajes.

En 1989, la derecha obtuvo el 30.8% de los votos. A su vez, la concertación el 38.12% y el PAIS el 24.3%. Con estos datos, no hay doblaje. No obstante, ambas fuerzas –lo que es hoy la “nueva mayoría”— suman el 62.2%. En consecuencia, hay doblaje oculto.

En 1997, la derecha obtuvo el 27.8% de las preferencias. A su vez, la concertación sube al 61.5% y con ello logra el doblaje. Es más, con los votos del PC se sube al 68% y se ratifica el doblaje. En esta elección la concertación se queda con los dos cupos.

Finalmente, en las senatoriales del 2005 la derecha estanca su votación en torno al 27%. A su vez, la concertación con Navarro y Sabag llegan al 67.6% de los votos. En consecuencia, hay doblaje. Es más, con los votos del PC se sube al 72.2% y se ratifica el doblaje.

¿Habrá doblaje en noviembre?  

Los datos muestran en general que hay altas probabilidades de mantener el doblaje. Las cifras muestran que en 23 elecciones a nivel de la circunscripción la concertación con el PC han ganado en 13 oportunidades. Ahora, si ponemos atención en los rasgos de la coyuntura nacional y local y en lo que ha pasado en las últimas elecciones las posibilidades de doblaje aumentan.

De hecho, la “nueva mayoría” en las últimas municipales dobló a la derecha en alcaldes y en concejales estuvo a dos puntos porcentuales de lograrlo. Y, en las primarias no sólo está el dato del triunfo arrollador de Bachelet, sino también que Allamand le ganó al gremialismo.

Hay cinco hechos locales que marcan fuertemente la elección senatorial de noviembre: (a) la histórica fuerza electoral que ha tenido la centro-izquierda en la región, (b) el “quiebre” entre la UDI y RN a nivel local; de hecho, la UDI va en la lista sin cupo RN, (c) la “debilidad política y electoral” de la derecha a nivel global, (d) el liderazgo “a la baja” de la Van Ryselberghe, (e) la inédita dupla Navarro-Escalona, (f) un movimiento social activo y distante con el gobierno –reconstrucción 27F, crisis pesquera y estudiantes— y (g) fuerzas duopolicas al alza.


Estos rasgos de la política local generan condiciones sociales y políticas favorables para el doblaje. Hoy, hay más razones para el doblaje en relación a lo que sucedía en el 2005. Hay olor a doblaje. Por ahora, sigamos esperando el desenlace.

domingo, 13 de octubre de 2013

Anatomía de una crisis: ¿la re-fundación de la derecha?

Octubre 2013
En las últimas semanas uno de los temas políticos que dominaron la agenda mediática ha sido la re-fundación de la derecha. No obstante, se trata de una dinámica que deja más interrogantes que certezas: ¿es conceptualmente correcto hablar de refundación?, ¿en qué consiste esa refundación?, ¿es real, que se está configurando una nueva derecha?, ¿es viable políticamente una nueva derecha?, ¿acaso, no es más adecuado hablar de “derechas” que de “derecha”?, ¿y a parte de separarse del gobierno de Pinochet, qué otra ruptura tiene que hacer con su pasado más reciente?

De que lo no hay duda, es que la derecha chilena está en crisis. La magnitud es tal que en pocos meses tuvo que convivir con un deprimido –Longueira--, con un vetado –Allamand—, con un suicidado –Mena— y con una moribunda candidatura presidencial.

Primera pregunta: ¿desde cuándo está en crisis? La derecha política expresada en una alianza política y electoral de dos partidos –RN y la UDI--  ha convivido desde sus orígenes con tensiones internas que en distintas coyunturas se han manifestado con mucha intensidad. Cuando se instaló en La Moneda en marzo del 2010, esa crisis estaba en estado de latencia. No era el momento para emerger. El día del triunfo presidencial parecía que el sector era uno y las fracturas internas se habían diluido. En ese escenario, por tanto, ¿quién podrá decir que la derecha estaba en crisis y que necesitaba o que estaba en un proceso re-fundacional?

Entonces, ¿qué pasó en tan poco tiempo? Entre marzo del 2010 y la municipal de octubre del 2012 transcurren 31 meses, es decir, dos años y siete meses. ¿Es razonable pensar que en este breve lapso de tiempo se pueda incubar una crisis de tal magnitud que se configure un escenario de re-fundación política? Lo concreto, es que el sector está inmerso en una crisis que se ha caracterizado de distinta manera: “crisis terminal, crisis de identidad, proceso re-fundacional, profunda, que tiene problemas, etc.” Hoy, la derecha política está en una crisis.

Segunda pregunta: ¿qué explica esta crisis? El modelo de gestión política –“La Nueva Forma de Gobernar”— y la coyuntura presidencial son las dos variables que explican la actual situación. Estos hechos fueron erosionando y debilitando la base electoral del oficialismo. El resultado de la municipal y de la primaria son señales contundentes de que el sector se ha debilitado.

A medida que esta tendencia se profundiza, las tensiones del sector aumentan. La coyuntura presidencial ha sido el escenario de la batalla por la conducción política e ideológica del sector. Se vuelve abrir la herida y las diferencias y malestares se evidencian. Hay “dos almas” o “nuestra legítima diferencia” se ha escuchado en estos días.

El problema político para la derecha, es que en estas condiciones –debilidad y tensión-- ha debido enfrentar una “coyuntura pantanosa” que forma parte de un nuevo ciclo social y político. En efecto, la derecha enfrenta una situación de crisis y debilidad en un contexto social y político distinto al que generó las condiciones para llegar a La Moneda en marzo del 2010.

Tercera pregunta: ¿hacia dónde va esta crisis?  Los desenlaces son potencialmente múltiples. Una de las interpretaciones dominantes es la tesis de la “re-fundación” y de la “nueva derecha”.  Sin embargo, es prematuro afirmar que en el sector se puso en marcha un proceso re-fundacional, por lo menos, a corto y mediano plazo.

Cuarta pregunta: ¿qué implica una derecha refundada? Una derecha re-fundada, es una derecha distinta a la que hemos conocido durante los últimos treinta años. Evidentemente, no es el caso de la derecha actual. De hecho, la de ese tiempo es la misma que la de hoy. Para lustrar la situación actual podemos remitimos a lo que sucede en el sector desde los sesenta.

En esa década, la derecha no sólo fue sometida a la “reforma agraria”, sino también a una derrota electoral de proporciones y a la disolución de sus partidos históricos –liberales y conservadores--. El Partidos Nacional, por tanto, es el resultado de una re-fundación profunda: política e ideológica. Esta dinámica re-fundacional se fortalece cuando observamos que en el mismo tiempo histórico emerge la derecha gremialista.

Con el golpe militar de septiembre de 1973, los nacionales se disuelven y los gremialistas comienzan a hegemonizar el poder al interior del gobierno. Desde los ochenta este proceso se consolida y se posicionan tres derechas: la tradicional de raíz liberal-conservadora, los gremialistas y la derecha pinochetista. Estos últimos, rápidamente salen de la escena. La derecha que esta lista para ser oposición desde los noventa es cualitativamente distinta a la que comienza a emerger desde fines de los sesenta. Esto si, en consecuencia, en una ejemplo de re-fundación.

Es evidente, por tanto, que la derecha de hoy no está inserta en un proceso semejante. RN y la UDI  son el resultado de una re-fundación. La derecha de hoy no es distinta a la que fue oposición desde los noventa.

Quinta pregunta: si no se puede hablar hoy de “dinámica re-fundacional”, ¿de qué se puede hablar?  Hoy, me parece más adecuado hacer referencia a que la derecha está inmersa en un proceso de reformulación y posicionamiento político que tiene como horizonte adaptarse a las condiciones sociales, políticas y económicas de la nueva fase política.  

En definitiva, lo que ocurre en el sector es un reposicionamiento y/o una “reformulación adaptativa” del sector y de sus  liderazgos. El sector comienza a moverse y a mirar el futuro. Eso, es lo que ha hecho Piñera con la coyuntura de los 40 años del golpe.

Sexta pregunta: ¿Qué desafíos debe enfrentar la derecha en este proceso de re-posicionamiento La respuesta, la encontramos en tres dimensiones: política, economía y valores.

En el plano de la política, para refundarse debe lograr: (a) ser competitiva e influyente en un sistema democrático sin subsidio político, (b)  romper con el lado oscuro de la dictadura, (c) impulsar la renovación de su personal político, (d) re-definir la hegemonía interna entre las distintas “derechas” y (e) tener capacidad de articular pactos político-electorales con el centro político; o con lo que está  a la izquierda de la derecha o a la derecha de la izquierda.

En el plano de la economía, las ideas económicas de la derecha son las que fundaron el modelo neoliberal chileno. La defensa y la apología que el oficialismo hace del modelo son un freno para la re-fundación debido a que la nueva fase social y política tiene entre sus rasgos la fuerte impugnación al modelo y a sus principales ejes operativos: ¿cómo se puede refundar, si sigue creyendo en el fundamentalismo económico?, ¿cómo se va refundar, si todo es mercado y mercantilización?, ¿cómo se va refundar, si el Estado solo debe regular?, ¿cómo se va refundar el sector, si va seguir pensando la economía como un orden “puro, perfecto y predecible”?, ¿puede, la derecha en el nuevo escenario político seguir haciendo apología del crecimiento ilimitado?, ¿acaso, va usar las mismas ideas económicas para defender el modelo y los ajustes a los que va ser sometido?, ¿acaso, piensa que todo se reduce a los abusos de la empresa sobre los consumidores?, ¿acaso, va seguir afirmando que lo que funciona mal en el plano de la economía es porque no hay competencia?

Finalmente, en el plano de la cultura y los valores una nueva derecha debe actuar de modo distinto a como lo ha hecho los últimos 25 años. No puede desconocer que a la mayoría de los debates valóricos no sólo ha llegado tarde, sino también se ha opuesto a legislar ubicándose en posiciones conservadoras que tarde o temprano terminan debilitándose. Los ejemplos son varios: divorcio, ley de filiación, la píldora del día después, libertades civiles, matrimonio igualitario, aborto terapéutico y AVP, etc.  ¿Acaso, la “nueva derecha” tendrá una actitud no defensiva frente a estos temas?, ¿acaso, la derecha va comenzar a reconocer y legitimar la diferencia?


Hoy, la refundación no es posible y está más lejos que cerca. Por tanto, hoy me parece exagerado hablar de que la derecha está inmersa en un proceso de reflexión y de re-fundación político-ideológica. Ni siquiera sabemos, si la actual crisis se va tomar ese camino. La elección de noviembre será fundamental para conocer el desenlace de este proceso. Y luego, hay que poner atención en lo que va suceder en las próximas internas de cada partido.

martes, 8 de octubre de 2013

¿De qué refundación hablan en la derecha?

Octubre-2013
La coyuntura política que se manifestó en torno a los 40 años del golpe militar puso en la escena pública -como ocurre cada cierto tiempo— el proceso latente de “refundación” que vive la derecha chilena. No obstante, se trata de una dinámica que deja más interrogantes que certezas: ¿es conceptualmente correcto hablar de refundación?, ¿en qué consiste esa refundación?, ¿es real, que se está configurando una nueva derecha?, ¿es viable políticamente una nueva derecha?, ¿acaso, no es más adecuado hablar de “derechas” que de “derecha”?, ¿y a parte de separarse del gobierno de Pinochet, qué otra ruptura tiene que hacer con su pasado más reciente?

De que lo no hay duda, es que la derecha chilena está en crisis. Y ello, es la primera condición para transitar hacia una nueva derecha o si se quiere hacia una refundación. La crisis del sector es de una magnitud tal que en pocos meses tuvo que convivir con un deprimido –Longueira--, con un vetado –Allamand— y con un suicidado –Mena--.

El contexto social y político que caracteriza al país hoy es otra condición favorable para la dinámica refundacional o de “reformulación adaptativa” como prefiero llamarla. Ya es parte del paisaje afirmar que el país está en un nuevo ciclo social y político.

Estas dos condiciones se articulan en la afirmación de que la derecha vive una situación de crisis y debilidad en un contexto social y político distinto al que genero las condiciones para llegar a La Moneda en marzo del 2010. En consecuencia, la derecha tiene que reformularse y/o refundarse para ser competitiva en el nuevo escenario político.

¿Qué significa refundarse?  El diccionario de la RAE dice que refundar es “volver a fundar algo y/o revisar la marcha de una entidad o institución, para hacerla volver a sus principios originales o para adaptarse estos a los nuevos tiempos”. Por tanto, la “refundación” de la derecha implica cambiar y dejar de ser lo que es hoy y comenzar a ser algo nuevo y distinto en el contexto de la nueva realidad.

Entonces, ¿qué implica una derecha refundada o una “nueva de derecha”?  Podemos aproximarnos desde tres perspectivas: política, economía y valores.

En el plano de la política la derecha para refundarse no sólo debe competir en un sistema democrático sin subsidio político, sino también debe romper con el lado oscuro de la dictadura.

La derecha debe aprender a competir en la construcción del orden social desde la igualdad democrática. Es decir, sus proyectos e ideas deben validarse en el juego democrático. No hay que olvidar que el modelo neoliberal no sólo se impuso por medio de una dictadura sin deliberación colectiva ni legitimidad de origen, sino también fue defendido durante los gobiernos de la concertación por medio de un sistema que combina “lógica binominal” y altos quórum legislativos. En consecuencia, no habrá nueva derecha ni refundación mientras el sector compita en el juego democrático y deliberativo con subsidio político.

Por otro lado, la distancia que se mantenga con el lado negro de la dictadura –las violaciones a los DDHH— es otra variable política que contribuye a identificar los contornos de esta potencial refundación. Una derecha refundada –la nueva derecha--  debe estar distante de Pinochet y su gobierno de represión sistemática. Sin embargo, separarse política y moralmente de lo que fue el gobierno de Pinochet no es suficiente para instalar y consolidar un proceso de refundación política. Piñera, con las tesis de los “cómplices pasivos” y con la acción de cerrar el penal Cordillera intenta dar ese salto y quedar fuera y distante del brazo represor del gobierno cívico-militar.

Piñera, fue exitoso en instalar en el sector una cuña entre unos y otros; entre los pinochetistas y los no pinochetistas; entre los que los que fueron “cómplices pasivos” y los que no lo fueron; entre lo que dijeron NO y los que dijeron SI. No obstante, el problema político para el piñerismo es que en esta aventura son pocos en el sector los que pueden con él, cruzar esa frontera. De hecho, esta es una de las “fracturas históricas” del oficialismo: “el pasado nos separa” afirma la vocera del comando presidencial, Lily Pérez. En realidad, el pasado no los separa tanto como se pretende o como quieren: si no los separó durante más de dos décadas, ¿por qué tendría que ocurrir hoy?

El problema para la derecha es que Pinochet es una figura polisémica. En efecto, mientras por un lado instaló un Estado terrorista, por otro pone en marcha no sólo un modelo de desarrollo económico, sino también un tipo específico de sociedad. Pinochet hizo, en definitiva, una revolución. Pinochet y sus apoyos civiles fundaron un nuevo Chile.

La derecha, en consecuencia, no puede pretender disociar el hecho de que la sociedad neoliberal  se diseño y puso en marcha bajo el soporte de una dictadura que tenía el poder de decidir sobre la vida y la muerte de unos y otros. La derecha, no puede pretender distanciarse de lo malo de la dictadura –las violaciones a los DDHH-- y de felicitarse de lo bueno –el neoliberalismo--. En consecuencia, ambos momentos son indisolubles y parte de un mismo proyecto.

En el plano de la economía, la refundación de la derecha pasa por una reformulación o actualización de su pensamiento y práctica económica.

Las ideas económicas de la derecha son las que fundaron el modelo neoliberal chileno. Son las ideas que se consolidaron en democracia bajo los gobiernos de la concertación. Son las ideas que han sido la carta de navegación de la gestión Piñera. Para la derecha, son las ideas que nos llevaran al desarrollo y a superar la pobreza. Aquí, por tanto, encontramos el segundo problema para la refundación: ¿acaso, la nueva derecha va dejar atrás su fundamentalismo económico en pro de su proceso refundacional?, ¿acaso, va dejar pasar la oportunidad de encontrar unidad ideológica –y política— en torno a la economía?

En consecuencia, la defensa y la apología que el oficialismo hace del modelo son un freno para la refundación debido a que la nueva fase social y política del país tiene entre sus rasgos una fuerte impugnación al modelo y sus principales ejes operativos. Entonces, ¿cómo se puede refundar el sector, si sigue pensando lo mismo en materia económica?, ¿cómo se va refundar el sector si todo es mercado y mercantilización?, ¿cómo se va refundar el sector, si el Estado solo debe regular?, ¿cómo se va refundar el sector, si va seguir pensando la economía como un orden “puro y perfecto”?

Pueden, en consecuencia, estas ideas frenar los cambios estructurales que se le quieren introducir al neoliberalismo chileno. ¿Puede, la derecha chilena en el nuevo escenario político seguir haciendo apología del crecimiento ilimitado y del mercado sin límites ni regulaciones?, ¿acaso, va usar las mismas ideas económicas para defender el modelo y los ajustes a los que va ser sometido?, ¿acaso, piensa que todo se reduce a los abusos de la empresa sobre los consumidores?, ¿acaso, va seguir afirmando que lo que funciona mal en el plano de la economía es porque no hay competencia?

Finalmente, en el plano de la cultura y los valores una nueva derecha debe actuar de modo distinto a como lo ha hecho los últimos 25 años. No puede desconocer que a la mayoría de los debates valóricos no sólo ha llegado tarde, sino también se ha opuesto a legislar ubicándose en posiciones conservadoras que tarde o temprano terminan debilitándose. Los ejemplos son varios: divorcio, ley de filiación, la píldora del día después, libertades civiles, matrimonio igualitario, aborto terapéutico y AVP, etc.
 
Parece haber en la derecha chilena un desfase entre las grandes tendencias culturales de las sociedades modernas y su visión de lo que debe ser una sociedad “en orden” y tradicional. ¿Acaso, la “nueva derecha” tendrá una actitud no defensiva frente a estos temas?, ¿acaso, la derecha va comenzar a reconocer y legitimar la diferencia?

Finalmente, otro problema para la refundación es que no se puede hablar de la derecha como si fuera algo único y uniforme. De hecho, hay varias derechas: Los gremialistas ortodoxos, los gremialistas populares, la derecha piñerista, la derecha pinochetista, la derecha conservadora, la derecha liberal, la derecha social de Ossandón, la derecha joven y emergente. La convivencia de estos sectores ha sido difícil a lo largo de estos años. No obstante, ello no fue obstáculo para formar un pacto político y llegar a La Moneda. Los separa el pasado y los valores; los une la economía y la racionalidad de clase.

En consecuencia, cada partido, grupo o liderazgo no sólo tiene su propia agenda, sus ritmos, su historia y sus lealtades, sino también su propia subcultura político-ideológica. Nadie puede pretender generalizar la operación Piñera. Nadie puede pensar que la derecha es un todo que se mueve como un bloque indiferenciado; y que la pretendida “refundación” es algo que comprende y compromete al sector en su conjunto. Hoy, la refundación no es posible.

Por tanto, hoy me parece exagerado hablar de que la derecha está inmersa en un proceso de reflexión y de refundación político-ideológica. Por ello, es más adecuado hacer referencia a que la derecha está inmersa en un proceso de reformulación y posicionamiento político que tiene como horizonte adaptarse a las condiciones sociales, políticas y económicas de la nueva fase política.
 
Lo que ocurre en el sector, por tanto, es un reposicionamiento y/o “reformulación adaptativa” de los distintos liderazgos en la perspectiva de la nueva fase social y política. 

Cada subsector comienza a moverse y a mirar el futuro. Eso, es lo que ha hecho Piñera con la coyuntura de los 40 años del golpe. La elección de noviembre será fundamental para conocer el desenlace de este proceso. Y del mismo modo, hay que estar atento a lo que va suceder en las próximas internas de cada partido.

Por ahora, son los mismos rostros, las mismas prácticas, las mismas ideas, los mismos partidos, los mismos liderazgos, la misma historia y el mismo pasado: ¿es posible refundarse con estos antecedentes?


Sólo las nuevas generaciones están en condiciones políticas, morales e ideológicas de construir una derecha distinta a la que se refundó a principios de los ochenta y que desde los noventa se dedicó a defender el modelo de sociedad que diseño en “complicidad” con el pinochetismo. Quizás, asistimos a otro desalojo. Todo está por suceder.