jueves, 30 de agosto de 2012

Las siete vidas de la Concertación


Agosto 2012
La Concertación ha transitado en el último tiempo en la delgada línea que separa la vida y de la muerte; el ser del no ser, la victoria de la derrota, el pasado del futuro y los viejos de los nuevos liderazgos. Un caminar complejo y lleno de dudas y temores.

Sin embargo, lo único evidente es que se aproxima otro proceso electoral –las municipales de Octubre- y la Concertación es nuevamente una de las listas en competencia y sus partidos –miembros del duopolio- siguen hegemonizando –junto a otros actores- el proceso político chileno. Este, es un hecho concreto y contundente. Todavía tenemos Concertación.

Agotada, moribunda, llena de tensiones internas y desorden, sin liderazgo y más cerca del abismo que de la certeza sigue marcando pauta en el escenario nacional. Lo relevante es que –a pesar de todas sus crisis- sigue vigente, con buen nivel de competitividad y serias posibilidades de volver a La Moneda. El día a día ha echado por tierra la tesis “repetida” y “deseada” de que se trata de una coalición que “ya no existe”. La dan por muerta, la quieren muerta y anuncian su muerte una y otra vez. Sin embargo, sigue viva; y lista para la competencia –y para volver a La Moneda-.

Hay un elemento fundamental que explica porque todavía hay Concertación a pesar de los desencuentros –políticos y legislativos-, de las peleas, de las desilusiones, de las traiciones, de las agendas particulares, de las crisis y de la derrota. La razón es que la Concertación de Partidos por la Democracia es, ante todo, un pacto político-electoral que agrupa a las fuerzas políticas del centro y de la izquierda del país. Eso es, lo sustancial y lo definitivo. Mientras exista esa alianza habrá Concertación. En rigor, da lo mismo como se llame. Insisto, lo relevante es el encuentro político de la centro-izquierda.

En este hecho encontramos la identidad fundacional de la coalición. Sin embargo, hay siete razones que fortalecen hoy esta alianza histórica.

1. La posibilidad cada vez más concreta de volver a La Moneda. Para muchos este es el principal factor que mantiene la unidad de la coalición. Partidos con vocación de mayoría y de poder no van a perder esta nueva oportunidad. En este escenario, la lógica del largo plazo se impone a la de corto plazo.

2. La amistad entre muchos de sus dirigentes -construida en muchos años de trabajo en común- es un elemento que también contribuye a la unidad. Sin duda, hay deferencias entre sus miembros; pero, también hay relaciones de amistad que generan condiciones para la unidad política.

3. La convergencia para operar como oposición en el parlamento –a la hora de votar los proyectos y a pesar de los bochornos-, es otro elemento que contribuye a la unidad. Más aún, esto se debería ver fortalecido con la vuelta al gobierno y la necesidad de impulsar el “relato de la igualdad” desde el parlamento; y en el contexto, el ajuste en proceso entre coalición y sociedad civil.

4. La historia común por recuperar la democracia y los veinte años de gobierno son elementos que también ayudan a mantener la unidad de la coalición. Es cierto, los tiempos son otros; pero, esta gesta no es de fácil olvido. Es más, el clivaje del Si y del No sigue vigente en Chile. No es casualidad, por tanto, que el tema de los Derechos Humanos siga siendo un elemento de unidad concertacionista y opositora.

5. La vocación de hacer un Chile más “inclusivo”. En efecto, la Concertación tiene entre sus proyectos de sociedad la construcción de una orden más inclusivo e igualitario. Si bien, esta es una tarea en la que no se puedo avanzar durante sus cuatro gobiernos –por las razones que sean-, es uno de los objetivos para los nuevos tiempos. Si la Concertación 1.0 tenía la misión de democratizar; hoy, la Concertación 2.0 tiene la misión de la inclusión. Además, ha sido una bandera de lucha histórica del centro político y de la izquierda.

6. El binominal obliga a todas las fuerzas políticas a buscar pactos de mayoría para lograr representación. Mientras exista la actual forma de estructurar las alianzas políticas no variara. Por ello, frente a la necesidad de la amplia unidad opositora se hace cada vez más urgente la modificación del binominal. De ahí, las fuertes presiones de los últimos meses.

7. La posibilidad de ser gobierno es otro elemento de unidad. La Derecha por si misma puede gobernar porque tiene los votos. Al contrario, ni la izquierda ni el centro político pueden gobernar –como mayoría- por si solos. A ninguno le alcanzan los votos. Se necesitan; y lo saben.

No obstante, no podemos dejar de identificar que se trata de una coalición que ha entrado en una fase de agotamiento que avanza a pasos raudos hacia una reformulación de sus integrantes, de su proyecto y de su programa.

Lo que conocimos como concertación hace veinte años ha dejado de existir. La Concertación que fue derrota electoral y políticamente hace un poco más de dos años también ha dejado de existir. Cuando lo tiempos y las coyunturas cambian, es evidente y necesario que también lo hagan las fuerzas políticas.  Las demandas de ayer, no son las de hoy. Y por tanto, las coaliciones políticas tampoco pueden ser las mismas.

Este ajuste es lo que ha hecho la Concertación en el último tiempo. En efecto, ha debido ajustar sus proyectos y sus promesas a los nuevos tiempos. Y la única manera de hacerlo era desde la oposición. Este proceso no ha sido fácil; no es fácil ni tampoco será fácil. La política y las luchas de poder nunca son cosas fáciles de resolver ni de consensuar.

Concertación es, por tanto, alianza del centro y la izquierda. Da lo mismo como se llame. Los tiempos cambian y los ajustes se hacen necesarios y urgentes. En este contexto, la unidad opositora de la que se viene hablando desde Marzo del 2010 –y la que no se va a materializar- no es más que la ampliación hacia la izquierda de la coalición. Y esto, es distinto que “giro a la izquierda”. Obvio; ¿hacia dónde puede crecer?

La Concertación para el nuevo Chile no hará un giro a la izquierda. El giro será avanzar en las tareas políticas pendientes –profundización democrática- y en las urgencias sociales que exige un Chile inclusivo. Nuevas realidades, nuevas Concertación, nuevo relato y nuevo gobierno. 

lunes, 13 de agosto de 2012

¿Cuando se van del Gabinete?


Agosto-2012
Nuevamente se instala en el debate político la cuestión de la salida de los presidenciables del Gabinete. No se trata de una discusión nueva; al contrario, ha estado en el centro de la polémica en varias oportunidades. La intensidad que asume sube o baja dependiendo de las características de la coyuntura. A tres meses de las municipales el debate pasa de latente a manifiesto.

En este contexto surgen dos preguntas; ¿por qué el oficialismo quiere mantener a los presidenciables lo más posible en el gabinete y la oposición exige su salida inmediata?

En el oficialismo hay cinco razones que lo explican.

En primer lugar, surge el hecho de que están en un escenario de inmovilismo presidencial que ha dejado para “después” todos los temas relevantes; mecanismo, fechas, relato, equipos. 

En segundo lugar, esta la necesidad de evitar las tensiones internas y el desgaste –en una fase de baja aprobación- que implica la lucha por el posicionamiento presidencial a dos o tres bandas. 

En tercer lugar, surge la política del espejo; es decir, moverse en función del “factor Bachelet”. En efecto, la virtualidad de la candidatura de la mujer ONU da tiempo, espacio y motivos para dilatar la definición presidencial a la espera de un mejor rendimiento político.

En cuarto lugar, aparece la necesidad política de enfrentar el escenario presidencial no sólo en mejores condiciones de aprobación, sino también con presidenciables mejor posicionados en el terreno de la competencia electoral. De hecho, salir a competir por la sucesión con bajos niveles de aprobación y con la “crónica de una derrota anunciada” no es positivo para el fortalecimiento de su opción presidencial.

En quinto lugar, surge que el gremialismo debe definir su abanderado antes de competir al interior del conglomerado de gobierno; se debaten entre el pragmatismo y la necesidad de recuperar su purismo ideológico.

En definitiva, hay poderosas razones que condicionan que los presidenciables del oficialismo sigan en el gobierno. ¿Hasta cuándo? Desde las propias filas de Palacio se ha mencionado que ese hecho debe ocurrir después de las Municipales. Desde ese momento hay cinco largos meses –entre Noviembre y Marzo- para materializar  la salida. Lo más probable, si no ocurre antes de las municipales, es que ello suceda entre Noviembre y Enero.

Si se sigue lo acordado hasta hoy, es decir, salir del gabinete después de las Municipales surge una pregunta ¿cómo harán para mantener la no injerencia electoral de los presidenciables? Competir a media máquina y en la frágil división entre el rol de político –con aspiraciones- y el de Ministro no contribuye a mejorar el rendimiento electoral ni del Gobierno ni de los presidenciables.

Sin embargo, ha surgido nuevamente otra “tesis longueira” que en su habitual “visión estratégica” ha llamado a adelantar la salida de los presidenciables del gabinete y desplegarlos “sin frenos” en la campaña. ¿Cuál es la idea? Presionar a la Concertación y a Bachelet, romper el inmovilismo del oficialismo, sacar al pizarrón a Golborne, apurar a la Udi y evitar los conflictos que va tener el gobierno con sus Ministros acusados de estar en campaña con recursos públicos.

Para la oposición, la razón que se da es que los presidenciables están usando no sólo sus cargos –de alta visibilidad- para sus fines de posicionamiento, sino también los recursos públicos. Sin embargo, el interés está en que deben salir “hoy” para apurar la carrera presidencial del oficialismo, debilitar el peso político del ejecutivo y estimular sus tensiones internas.

En este escenario, es interesante analizar cómo se movieron los presidenciables de la Concertación que ocupaban cargos de gobierno.

Lagos dejo el Gabinete de Aylwin el 28 de Septiembre de 1992; tres meses después de las municipales de Junio, 8 meses antes de las primarias de Mayo del ’93 y 15 meses antes de las presidenciales. Luego, dejo el Ministerio de Obras Públicas –con Frei- el 01 de Agosto de 1998; a 10 meses de las primarias del ’99 y 17 meses antes de las presidenciales del mismo año.

En el gobierno de Lagos, Bachelet y Alvear dejaron el gabinete el 29 de Septiembre del 2004; un mes antes de las municipales, 8 meses antes de las primarias –no realizadas- y 15 meses antes de las presidenciales del 2005.

Los tiempos políticos muestran que faltan tres meses para las municipales, 8 o 9 meses para la primaria oficialista –si es que hay- y 14 meses para la presidencial. La experiencia de Lagos y Bachelet indica que ambos salieron del gabinete un año y medio antes de la presidencial y 8 meses antes de la primaria. Según estos datos, el oficialismo esta en el límite de los tiempos “recomendados” para enfrentar una intensa batalla presidencial –que va perdiendo- con primaria incluida.

La coyuntura municipal sólo la experimento Bachelet. De hecho, en esa campaña se generaron las condiciones políticas y electorales para la retirada de Alvear y su proclamación como candidata. De ese modo, vemos que la elección definió aspectos relevantes. La próxima municipal no tiene porque ser una excepción.

El oficialismo tiene debilidades y tres alternativas que dificultan que sus presidenciables dejen “a corto plazo” el gabinete. Hoy la lucha presidencial es latente y llena de limitaciones. Los tiempos se acaban y las voces para adelantar la salida se multiplican. La política es dinámica y sus caminos pueden cambiar sin aviso. En el terreno del cálculo y el pragmatismo todo es posible. 

miércoles, 8 de agosto de 2012

¿Se desinfla Golborne?


Agosto-2012
Todo indica que el oficialismo definirá su abanderado presidencial por medio de una primaria “participativa y abierta”. Sin embargo, las encuestas han y siguen jugando un papel central en todo el proceso de definición presidencial. Incluso, muchas de sus figuras no ven con malos ojos usar este mecanismo –es decir, la “voz de la calle”- para definir su candidato. No obstante, esta fórmula ha ido perdiendo fuerza.

Sin embargo, no son las encuestas en sí mismas las que finalmente definen una opción presidencial. Lo que estas hacen, es captar la subjetividad política de la Opinión Pública. Luego, a partir de sus resultados y del “uso político” que se hace de las cifras se generan las condiciones políticas para el posicionamiento presidencial.  De ese modo, tanto Golborne como Bachelet se han posicionado como presidenciables. El primero hace dos años; y la segunda hace nueve.

En términos presidenciales las encuestas hacen dos tipos de preguntas; las directas e indirectas. Las primeras se relacionan con la intención de voto; las segundas, son preguntas cuyas respuestas se proyectan y traducen en términos presidenciales; es decir, entregan pistas sobre el rendimiento y las potencialidades que podría tener un determinado candidato. Son indicadores qué fortalecen o debilitan una opción. En esa dirección las preguntas acerca de los políticos con más futuro, sobre el grado de conocimiento público de un determinado postulante y/o la evaluación de la gestión de un Ministro son ejemplos de este tipo de preguntas.

Justamente, es esta última - “Independientemente de su posición política, ¿Usted aprueba o desaprueba la forma en que los siguientes ministros están desarrollando su labor?”- la que ha posicionado a Golborne como presidenciable. Fue esta pregunta, la que hizo posible que el Ministro comenzara a ser medido en “intención de voto”. ¿Qué dicen las cifras de Golborne en esta pregunta?

El rescate de los mineros determina no sólo que de ser el Ministro más desconocido se convierta en uno de los más populares, sino también que alcance el primer lugar entre los mejor evaluados en gestión ministerial. No obstante, las cifras también tienen historia. No olvidemos que todo lo que sube cae.

En Abril del 2010 aparece en el sexto lugar de los mejor evaluados con una aprobación del 67%. Su promedio entre Abril y Julio es del 66%. Sin embargo, en Agosto pasa a ocupar el primer lugar del ranking  con una aprobación del 78%. Desde esa fecha –y en un corto tiempo- su alza es significativa y explosiva; de hecho, su promedio entre Agosto y Diciembre es del 87% con un peak del 91% en Octubre y Noviembre. En Diciembre llega al 86%. Finalmente, su promedio anual llega al 76%.

Con ese primer lugar y con esas cifras de aprobación se posiciono como presidenciable. Sus pares del oficialismo no sólo vieron con buenos ojos el “fenómeno Golborne”, sino también se asombraron con su estilo “cercano a la gente”. Sin embargo, desde el 2011 su alto apoyo comenzó a debilitarse a) por efecto de la crisis política en la que entra el gobierno, b) por el ingreso al gabinete de figuras de tonelaje político como Allamand y Matthei en Enero y c) el posicionamiento al alza que comienza a registrar la Ministra Schmidt.

Como Ministro mejor evaluado se mantiene entre Enero y Julio del 2011 con un promedio del 81%. En Agosto pasa al segundo lugar con el 70% de aprobación y pierde el primer lugar que tuvo consecutivamente por doce meses. No obstante, logra seguir entre los cinco mejor evaluados. Entre Agosto y Diciembre baja al 73%. En términos anuales su aprobación llega al 77%; cifra similar a la del año anterior.

Su promedio de aprobación durante los tres primeros meses del 2012 es del 76%. Son cifras que no sólo le permiten seguir entre los mejor posicionados, sino también recuperar en Marzo el primer lugar. Sin embargo, su promedio de aprobación en el segundo trimestre baja al 74% al obtener en Mayo un 71%; cifra similar a la de Agosto del año anterior cuando estaba la movilización estudiantil-ciudadana en su momento peak. Es más, es un resultado inferior en 20 puntos porcentuales a los obtenidos en Octubre-Noviembre del 2010 cuando marco un 91% de aprobación. En este contexto nos encontramos con que durante los primeros seis meses de este año su promedio llega al 75%; inferior a lo que obtiene en el 2010 y 2011. Entonces, es un ¿Ministro estabilizado o estancado en las encuestas?

Estas cifras nos llevan a algunas consideraciones sobre su potencial presidencial. En primer lugar, vemos que se trata de un Ministro que rápidamente se posiciona como unos de los mejor evaluados del Gabinete hasta convertirse en presidenciable. Luego, esa alza comienza lentamente a disminuir desde Mayo del 2011 y a estabilizarse en torno al 75% de aprobación. En tercer lugar, no podemos dejar de mencionar que sus pares del Gabinete como Schmidt, Cruz-Coke y Allamand también muestran altas cifras de aprobación; y que, por tanto, también se convierten en presidenciables. En cuarto lugar, es probable que su nivel de aprobación en gestión ministerial oscile entre el 72% y 77% hasta que salga del gabinete.

De los mejor evaluados, Allamand es el que está en la carrera presidencial. En esta medición su fuerza está intacta al obtener una aprobación promedio en este primer semestre del 72% -tres puntos menos que Golborne-. Lo que suma el segundo en puntos, los pierde en política; y lo que pierde en números el Ministro de Defensa los gana en política.

Sin embargo, la fuerza de Golborne en las encuestas se encuentra en las preguntas de intención de voto. En ellas, es el que mejor rinde frente a Bachelet y otras alternativas opositoras. Sin embargo, cuando la derecha defina su abanderado las cosas serán, sin duda, mucho mejores –en esta pregunta- para Allamand; incluso, podrían serlo para Longueira.

Después de todo, el fenómeno Golborne se ha ido desinflando; no sólo en relación a lo que marco en un momento, sino también en el sentido de que las primarias se imponen en la derecha y no serán las encuestas las que definirán el abanderado del oficialismo. En ese escenario puede pasar cualquier cosa. No olvidemos que la UDI ya le gano a Allamand y que este último no tiene buenos rendimientos electorales. Si Longueira quiere, puede.