martes, 27 de marzo de 2012

Coyunturas y Aprobación Presidencial


Marzo-2012
Estamos a pocos días de la encuesta Adimark y nuevamente se ponen en juego las expectativas acerca de cómo vienen las percepciones de la Opinión Pública sobre la política y sus actores. Esta situación nos plantea algunas preguntas: ¿qué explica las alzas, las bajas y los estancamientos de los Presidentes en su aprobación?; ¿porqué en unos momentos suben y en otros bajan?; ¿cómo se consolidan o quiebran las tendencias?; ¿qué efectos tienen estos resultados sobre la sucesión presidencial?

La respuesta a esas preguntas la encontramos en la interacción que ocurre entre a) el proceso de socialización política que cada uno de nosotros ha tenido y b) las coyunturas socio-políticas a las que nos enfrentamos día a día.

Socialización política.  Aquí surge lo que llamo el “sustrato político-cognitivo”. En efecto, todos los electores y/o ciudadanos se enfrentan a los distintos escenarios políticos y sociales con un sustrato cognitivo que define sus disposiciones, actitudes, identidades, opiniones, lealtades, expectativas, sentimientos y percepciones políticas. Sobre la base de estos antecedentes cada uno de nosotros filtra, entiende e interpreta lo que ocurre a nuestro alrededor; en definitiva, cada una de las coyunturas que nos toca vivir.

En esa dirección el abanico de posibilidades es amplio; una elección presidencial, una manifestación, una huelga, un cambio de gabinete, una acto de corrupción, una mala o buena política pública, una crisis económica, una buena cifra macroeconómica, un alza en los combustibles y en los precios –IPC- o una situación de emocionalidad –como un accidente o una catástrofe-, etc. son algunas de las coyunturas a las que nos enfrentamos en el transcurso de nuestras vidas.

De ese modo y sobre la base del “sustrato cognitivo” que cada uno de nosotros tiene van surgiendo las distintas evaluaciones que hacemos sobre “el acontecer histórico”; y en esa dirección, si aprobamos o no la gestión de un determinado Presidente. Entonces cuando un ciudadano-elector responde la pregunta sobre si aprueba o no a un Presidente –en un momento determinado del tiempo- tiene como sustrato su “socialización política”. Sin embargo, hay que considerar un segundo elemento; las coyunturas de alto y bajo impacto.

Las coyunturas de alto impacto son aquéllas que inciden de manera directa e inmediata en la vida de los ciudadanos y/o electores y tienen incidencia directa sobre los niveles de aprobación-desaprobación presidencial. Las coyunturas de bajo impacto social son aquéllas que no inciden de manera directa e inmediata en la vida de los individuos.

En la era bachelet las coyunturas de alto impacto que hicieron bajar su aprobación fueron la  implementación del Transantiago, la crisis educacional expresada en la “revolución pingüina” y en el paro de los profesores. Su crecimiento –que comienza fuertemente desde fines del 2008- se debe al manejo de la crisis del volcán Chaitén, al manejo contra cíclico de la crisis económica, a los bonos solidarios, a la construcción de estadios y a la reforma de las pensiones. 

En la era Piñera el alza que tuvo a finales del 2010 se debió al rescate de los mineros. Desde esa fecha hay una baja significativa que se explica por el alza de los precios –alimentos y combustibles-, el mal manejo de las crisis que se abre con la movilización social, el fracaso del combate a la delincuencia, los problemas que genera el transporte público –alza pasajes-, y las tensiones internas del gobierno y sus apoyos políticos –conflicto de intereses, caso Van Rysselberghe y Kodama, Operación Coroneles, reformas políticas y tributaria-.

En consecuencia, surge la hipótesis de que las coyunturas de alto impacto que involucran emoción, seguridad y bienestar son las que más inciden en los niveles de aprobación-desaprobación presidencial. Obviamente, cuando hay un buen manejo político.

¿Cómo revertir y quebrar tendencias y subir en la aprobación?  Las coyunturas de bajo impacto no generan cambios significativos en la evaluación y tendencias existentes. Dichos cambios pueden generar un alza o una baja en la aprobación. Hay alza cuando emergen hechos de alto impacto y la autoridad tiene un buen manejo de la coyuntura. Al contrario, hay un estancamiento o descenso en la aprobación-desaprobación cuando se instala la percepción de que se ha hecho un mal manejo de la coyuntura. Por tanto, el manejo que se hace de los escenarios de alto impacto público, social y político es lo que puede producir cambios y rupturas de las tendencias dominantes.

Dos consideraciones. La primera, que toda coyuntura es la combinación de variables económicas, políticas y sociales; y la segunda, que en ellas siempre actúan fuerzas socio-políticas “antagónicas” que opinan y actúan en una u otra dirección. Por ello, una buena política o un buen manejo de crisis siempre encontrara detractores y críticos que pueden terminar anulando o neutralizando sus efectos positivos. En política es común transformar una derrota en victoria.

Quedan dos años de gestión Piñera y ha comenzado el segundo tiempo. Las cifras de aprobación son bajas. Empezó en un 52% y llego al 63% en Octubre del 2010 influido fuertemente por el “rescate minero”. Desde entonces la tendencia ha sido a la baja. Su punto más bajo fue en Agosto del 2011 cuando llegó al 27% en el contexto de intensas jornadas de movilización social. Desde Septiembre de ese año se observa un alza leve que lo sitúa por sobre el 30% a consecuencia del accidente de Juan Fernández, las fiestas patrias, el agotamiento de la lucha social, las fiestas de fin de año y las buenas cifras macroeconómicas. 


La crisis de Aysén y el inicio de la movilización social-estudiantil 2.0 generan las condiciones para que la aprobación presidencial se estanque en torno al 30%-35%. Incluso, otros hechos pueden hacer caer estas cifras. En este escenario la expansión económica y el alto nivel de empleo no constituyen elementos suficientes para romper la tendencia y subir en los niveles de aprobación; sobre todo, cuando se ha instalado la idea de que en Chile hay altos niveles de desigualdad y fuertes abusos del capital.

Las cifras de aprobación-desaprobación no son buenas. Tampoco las perspectivas de romper la tendencia y comenzar el camino del alza. Sin embargo, hay tres noticias positivas; que pueden revertir la situación y que los niveles de aprobación no inciden de manera directa ni relevante sobre las posibilidades electorales del candidato presidencial del gobierno. Bachelet es un ejemplo para ambos casos. Y finalmente, que no hay que olvidar que aprobación presidencial no es lo mismo que adhesión política. Por lo general, ambas coinciden sólo al empezar una gestión. Vuelven a separarse cuando hay que elegir un Presidente.

martes, 20 de marzo de 2012

Conflicto, Movilización y Liderazgo


Marzo-2012
El ciclo político que se abre en Marzo del 2010 con Piñera ya tiene un rasgo distintivo y propio que lo aleja de lo que fueron los cuatro gobierno de la Concertación, y probablemente, de los que le seguirán. En efecto, la movilización social y ciudadana es un elemento que define y caracteriza a este gobierno. No sólo es parte de su pasado –corto, por cierto-, sino también de su presente y de su futuro. Será, sin duda, una situación que se manifestara durante toda su gestión.

Es más, antes de llegar al ejecutivo –y en plena campaña- era un escenario que se proyectaba como probable. Fueron muchos los políticos, dirigentes sociales y ciudadanos que planteaban coyunturas de movilización social en un futuro gobierno de derecha. Recuerdo, en estos momentos, las palabras de Aylwin y de Frei a este respecto.

Gano Piñera y las proyecciones se hicieron realidad y conflicto. Luego, de veinte años de silencio la voz de la calle y de los ciudadanos se hace escuchar con mucha fuerza, intensidad y esperanza. Y ante ello, la clase política, el Estado y el gobierno quedan perplejos. De ese modo, el conflicto socio-político se ha instalado en el seno de nuestra sociedad. Desde hace más de un año lo latente se hizo manifiesto y lo que estaba “dormido” ha “despertado”. El conflicto ha doblegado al consenso. No hay duda, la transición ha terminado y el pacto que fundó el orden concertacionista ha sido superado por las nuevas circunstancias del país.

La emergencia del conflicto social y su expresión en ciudadanos movilizados no es un hecho ajeno a la historia socio-política de Chile. Desde los albores de la República el conflicto y las tensiones entre los actores del acontecer Nacional ha sido una constante y un hecho recurrente. No podemos olvidar, que en nuestro país ha corrido sangre muchas veces. Por tanto, la manifestación del conflicto social ha sido una situación común y habitual. Lo que ocurre en el Chile de hoy -por cierto, sin olvidar las lógicas y dinámicas propias de las actuales circunstancias- no es un fenómeno nuevo. Lo extraño, fue la ausencia de conflicto durante los gobiernos de la Concertación. Y pregunto, ¿cómo hicieron para desactivar y alejar los potenciales escenarios de conflicto?  Sin duda, la respuesta no sólo se encuentra en las características de la emergente democracia y en los vínculos entre los partidos y el mundo social, sino también en las habilidades y en la experiencia de los operadores, dirigentes y liderazgos de la coalición.

No obstante, el conflicto no es un elemento artificial, histórico y político; al contrario, también es un elemente inalienable a la existencia humana. De hecho, todas las relaciones humanas están cruzadas y configuradas a partir del conflicto y las crisis que lleva implícita. El conflicto es el motor del cambio social. Como dicen los economistas, “una crisis es una oportunidad”. En esa perspectiva, el conflicto también es una oportunidad. Hay que enfrentarlo, administrarlo y superarlo. No hay que temerle ni imaginar que se trata de actos conspirativos.

Y en este escenario de conflictos y movilizaciones social-ciudadanas en ascenso ¿cómo ha enfrentado tales coyunturas la Nueva Forma de Gobernar?

La respuesta está en boca de todos. Lo han hecho mal. No sólo no han logrado identificar escenarios de potenciales conflictos y cuando lo han hecho no han captado sus especificidades y riesgos, sino también no han tenido la capacidad-habilidad para conducir y articular las negociaciones con el fin de neutralizar y resolver el conflicto. Los costos políticos para el gobierno han sido enormes. No saber administrar “escenarios de crisis” no sólo ha  generado malas evaluaciones –que las encuestas captan con mucho interés y facilidad-, sino también posicionamientos muy débiles para las próximas presidenciales.

Sin embargo, no deja de ser curioso el mal manejo de las “coyunturas de crisis” que han tenido. Algunas preguntas; ¿cómo puede ocurrir tal situación en un grupo de empresarios convertidos en políticos?; ¿cómo puede ser que los que transforman una crisis en una oportunidad, los que analizan día a día los riesgos y los que manejan millones de seres humanos no han tenido la capacidad para anticipar, negociar y resolver conflictos?

Quizás, la respuesta se encuentra en su aprendizaje. Hacer negocios y “emprendimientos” sin conflictos ni negociación laboral le está pasando la cuenta a los que transitaron de la empresa al Estado y de la economía a la política. Los que renegaron y eliminaron el conflicto de sus negocios se ven hoy día inundados por coyunturas de movilización y crisis que no han sabido resolver. Se prepararon veinte años para gobernar Chile y olvidaron el tema de la “crisis y el conflicto social”. Las crisis no sólo son económicas. Es más, cuando fueron gobierno al amparo del pinochetismo lo hicieron sin conflicto ni negociación. Cuando, hubo algo semejante se uso la represión y la fuerza.

La Opinión Pública confirma la percepción de que lo han hecho mal. En efecto, Adimark presenta mes a mes un conjunto de características personales del mandatario. Ellas, se dividen en dos tipos; las emocionales y las racionales. Las primeras se refieren a “ser querido por los chilenos”, “tener credibilidad”, “ser respetado” y “generar confianza”; las segundas, a su “liderazgo”, “manejo de crisis”, “autoridad”, “activo-enérgico” y “solucionar los problemas del país”. Las cifras muestran que los atributos racionales son los mejor evaluados. Con Bachelet, ocurre lo contrario.

De los cinco atributos racionales en cuatro de ellos las evaluaciones superan el 50%. Piñera es “activo y enérgico” para el 59% de los encuestados. Entre Marzo del 2010 y Febrero del 2012, la baja ha sido de 24 puntos porcentuales al pasar de 83% a 59%. Para el 52% el Presidente tiene la “capacidad para enfrentar situaciones de crisis”; al iniciar su mandato llegaba al 76%. La misma cifra se observa para su “capacidad de resolver los problemas del país”; la baja en este atributo pasó del 79% al 52% en el mismo lapso de tiempo. Para el 50% “cuenta con autoridad”; en Marzo del 2010 llegaba al 77%. Finalmente, sólo para el 47% el Presidente tiene “liderazgo”.

La fuerza del Presidente es su racionalidad. Sin embargo, los atributos que dan cuenta de ese aspecto se han debilitando a medida en que las crisis y los conflictos se han ido sucediendo. Uno de los aspectos –entre otros- que definen el alza o la baja en los niveles de aprobación-desaprobación del Presidente y del Gobierno es la capacidad que manifiestan para administrar y resolver crisis. Lo han hecho mal.

Por tanto, mientras no enfrenten de manera distinta las “coyunturas de crisis” en todas sus dimensiones será muy difícil recuperar el poder político-social que han perdido en estos dos años. Hay que empezar por no tenerle miedo y entender que para solucionarlas no sólo se requieren recursos. No todo es plata. Se necesita menos represión y más comunicación. Se requiere, finalmente, un liderazgo más amigable y emotivo. Menos miedo y más confianza.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La Concertación entre la vida y la muerte


Marzo-2012
Hay un conjunto de antecedentes que muestran como la Concertación ha ido perdiendo fuerza y presencia política. Se pueden resumir en tres; baja electoral, pérdida de legitimidad y un proceso interno de fragmentación.

Sin embargo, no se puede desconocer que en la actualidad al ser una fuerza electoral importante –a pesar de la tendencia a la baja-, al tener presencia relevante en el parlamento, al pertenecer a tradiciones políticas de larga data y al tener el mejor posicionamiento presidencial la siguen ubicando como un actor político fundamental para Chile.

Hay un hecho clave. El sistema binominal juega un rol fundamental para que la Concertación como pacto político-electoral siga con vida. Más bien, en los tiempos actuales “sobrevive”. Sin binominal no hay incentivo para que la alianza de centro-izquierda siga vigente. De hecho, una derrota en las próximas presidenciales determinaría el fin de un pacto que por más de 20 años fue exitoso. Todas las fichas se ponen en ganar esa elección. El futuro a mediano y largo plazo depende de ese hecho.

La baja electoral. La Concertación ha ido perdiendo fuerza electoral a nivel de votos y representantes de manera lenta y sistemática en todos los niveles de competencia. El punto de inflexión se dio en la presidencial del ’99, en las municipales del 2000 y en la parlamentaria del 2001.

A nivel Municipal las cifras muestran que entre el ’92 y el 2008, la Concertación bajo del 53,3% al 41,85% de las preferencias. Entre el ’92 y el ‘96 se elijen sólo Concejales. El Alcalde, por tanto, surge de una negociación que se produce al interior de cada Concejo municipal. En términos de Concejales el pacto entre el ’92 y el ’96 sube de 1.187 a 1.251. Sin embargo, los Alcaldes bajan de 219 a 197. 

En el dos mil el pacto llega a los 1.109 Concejales, en el 2004 a los 1.126 y en el 2008 a los 1.064. Entre la primera municipal y la última hay una pérdida de 123 Concejales. Los Alcaldes que la Concertación logra en esas elecciones son de 169, 203 y 146 respectivamente. Entre 1992 y el 2008 hay una pérdida de 73 municipios.

Lo relevante, sin embargo, es la pérdida de importantes reductos en los que la derecha –en auge desde el dos mil- logra ganarle alcaldías emblemáticas como Santiago, Viña, Valparaíso, Concepción. Y ello, se traduce en que hay una cantidad de habitantes y electores muy alta que comienza a ser gobernada por la oposición de entonces.

En los Diputados, la votación entre el ’89 y el 2009 baja del 51,49% al 44,35%; es decir, pasa de 69 a 57 diputados. Considerando la elección de Juan Pablo Letelier y Martínez –PAIS- y de Hosain Sabag –independiente fuera de pacto- la baja es de los 72 a los 57. El peack se manifestó en las parlamentarias del ’93 cuando llega al 55% de la votación y a una representación de 70 Diputados. En la última elección, la votación baja al 44,35% y sus representantes a 57. Desde el ‘93 la baja es sostenida. 

En el Senado la baja entre el ’89 y el 2009 es del 54,62% al 43,26%. Para comparar en términos de las circunscripciones en competencia, la última elección hay que compararla con la del ’93. En esa dirección, por tanto, la baja es del 55,47% al 43,26%. Por efectos del binominal la pérdida de Senadores es sólo de un representante en la regiones pares e impares.

Finalmente, en términos presidenciales la baja entre el ’89  y el 2009 es del 55,17% al 29,60%. Una baja tremenda. Una derrota anunciada. Desde el ’99 la elección de Presidente se resuelve en segunda vuelta. En los “ballotage” la baja del pacto es de cinco puntos porcentuales entre Bachelet y Frei y de tres entre Lagos y Bachelet.

Las encuestas son otro indicador que en algunas variables muestra que la Concertación ha perdido presencia, legitimidad y credibilidad. Los estudios de Opinión Pública de las empresas más prestigiosas del país dan cuenta de estas tendencias. En esa dirección observamos que Adimark da cuenta de la baja aprobación y alta desaprobación que muestra la Concertación desde hace muchos años. En la última medición de Febrero la aprobación llegó al  18% y la desaprobación al 70%.

La encuesta Cerc muestra que la percepción de que los gobiernos del pacto fueron “malos y regulares” ha aumentado entre Mayo del 2010 y Diciembre del 2011 de un 56% a un 71%. A su vez, que fueron “buenos” bajo del 39% al 23%. 

En relación al desempeño de la Concertación como pacto opositor, la evaluación de que ha sido “malo y regular” ha subido en esas mismas fechas del 65% al 84%. La percepción de que ha sido “bueno” bajo del 9% a 5%. En relación a los “5 políticos con más futuro” se observa que mientras en Mayo del 2010 ocupaban la lista cuatro concertacionistas, en Diciembre del 2011 sólo hay uno.

En la encuesta Cep se muestra que las “simpatías políticas” con la Concertación bajan del 26% al 20% entre Octubre del 2009 y Diciembre del 2011. En relación a la aprobación-desaprobación hay dos medidas; como Concertación y como esta “desarrollando su labor” opositora. Para el primer caso, la aprobación baja en esas mismas fechas del 41% al 16% y la desaprobación sube del 26% al 54%. Para el segundo caso,  la aprobación baja del 26% al 18% y la desaprobación sube del 43% al 58%.

La encuesta Giro-País muestra que la “evaluación de la oposición” para el 80% de los entrevistados sólo llega a un promedio que no supera la nota 4. La encuesta de la Universidad Diego Portales muestra que en el 2011 los que creen que la Concertación “en un futuro se mantendrá” llega al 42%. 

La fragmentación. La Concertación se enfrento a un fuerte proceso de fragmentación que termino en dos candidaturas presidenciales y en una derrota electoral que la mando a la oposición. Navarro, Chile1, los colorines, Arrate y Meo fueron los hitos del derrumbe de una solidez que comenzó a debilitarse desde la era Bachelet.

La Concertación aún respira; por lo menos, hasta las próximas presidenciales. La pregunta es evidente ¿cómo revertir estas tendencias a la baja? Y ello, ¿de quien depende?; ¿de la propia Concertación, de sus aciertos, liderazgos y capacidad de re-encantamiento?, ¿de los errores y debilidades del gobierno?, ¿de las potencialidades políticas y electorales de la oposición no concertacionista? o ¿de Bachelet?

La coyuntura política encuentra a una Concertación envuelta en una fuerte y vital contradicción que la tiene al borde del abismo o de la gloria. El primer caso –el abismo-, es la consecuencia de las cifras que hemos analizado y que la tienen más cerca de su disolución que de la proyección; y el segundo –la gloria-, es el resultado del flotador llamado Bachelet y que la tienen más cerca de La Moneda que de su disolución. 

Por tanto, queda Concertación a lo menos, para dos años más. Sin embargo, falta una estación fundamental para hacer la travesía completa: las municipales de los próximos meses. 

jueves, 8 de marzo de 2012

El Pc y el binominal


Marzo-2012
Los comunistas no sólo son el partido político más perjudicado con el sistema binominal, sino también juegan un papel emblemático en el sentido de que se convierten en una figura que muestra en toda su magnitud las distorsiones que el modelo electoral genera.

Para el primer caso, me refiero a que la votación comunista a nivel nacional y local tuvo en muchas elecciones votos suficientes para haber obtenido representación; sobre todo, a nivel de los Diputados. Sin embargo, se quedaron sin nada. En función de sus sucesivas votaciones podemos decir que se trata de un partido intermedio que se ubica entre los chicos y los grandes. Luego, para el segundo caso, me refiero a que cuando paso de partido intermedio a chico y de la independencia a formar parte de uno de los bloques del “duopolio binominal”, logró llegar al parlamento al obtener tres Diputados. Otra paradoja del sistema.

El Pc ha sido una fuerza política, electoral, social y cultural importante en la historia de Chile. A pesar de que al comienzo de la re-democratización a principios de los noventa se encontraba “gravemente herido”, logro mantener desde los primeros momentos una base electoral que siempre a nivel nacional fue superior al 5% de los votos. Con esa fuerza y en el marco de un sistema electoral proporcional (corregido o no) debió haber formado parte del parlamento en todo este período.

En el ’89 formo parte de Partido Amplio de Izquierda Socialista. En esa fecha el Pc no estaba inscrito como partido político legal; por lo que, no hay cifras oficiales para esta elección. Sin embargo, el pacto logra a nivel de los Diputados el 5.3% de los votos. Con esa cifra eligen dos representantes (que rápidamente se incorporan a la Concertación). Sin embargo, su representación debió ser de seis diputados. Hay, por tanto, una pérdida de cuatro diputados. No son malas cifras, si se las compara con el hecho de que sólo se presentan 31 postulantes en 17 distritos. A su vez, en el Senado la lista logra el 4.24% de los votos. Esa cifra le debió dar al pacto un senador. Se quedan, sin nada.

En el ’93 participan en un pacto con el Mapu llamado “Alternativa Democrática de Izquierda”. La lista presenta 92 candidatos y de ellos 69 son del Pc. La cantidad de votos del pacto suma el 6,4%; de ellos, el 5% es votación comunista. Nuevamente, se quedan sin representantes. No obstante, en un sistema proporcional puro el pacto debería haber logrado entre 7 y 8 diputados; de ellos, seis debían ser comunistas. Gana el duopolio, pierden las minorías. Hay una pérdida de seis Diputados para el Pc. En el Senado las cuentas no son tan alegres. El pacto postula 13 candidatos; de ellos, 10 son comunistas. Mientras el pacto logra el 4,34% de los votos, el Pc llega al 3,47%.

En el ’97 el PC va en pacto con la “Alianza Popular Socialista”. Como pacto llevan a nivel de los Diputados 86 postulantes; de ellos, los comunistas llevan 65 postulantes.  El alza electoral es  importante como pacto (7,49%) y como partido (6,88%). El 92% de esos votos son del PC.  Con esos votos debían haber tenido 8 diputados y como pacto nueve. Nuevamente, se quedan sin nada. El crecimiento y la desilusión también se manifiestan en el Senado. El partido llega al 8,44% de los votos; sumados los independientes llegamos al 8,64%. Nuevamente, se quedan sin representación. Con esa cifra deberían haber tenido 2 senadores. De sus nueve postulantes al Senado, seis lograron más del 6%; entre ellos, Gladys Marín logran el 15,67% en la Metropolitana Poniente.

En las parlamentarias del 2001 van sin pacto y llegan al 5,2% de los votos a nivel de los diputados. Presentan 80 postulantes en 55 distritos. De 6 cupos que deberían haber obtenido, no logran ninguno. Su votación senatorial es muy baja para esperar un cupo (2,6%).

En las parlamentarias el 2005 van en pacto con los humanistas. Mientras como pacto llegan al 7.4%, como partido logran el 5,14% de los votos. Nuevamente se quedan fuera del parlamento. El pacto debió tener entre 8 y 9 diputados y el Pc seis representantes. A nivel senatorial el pacto logra el seis por ciento de los votos. Con esa cifra, debió (el pacto) lograr un Senador. En los hechos se quedan sin representación. El partido llegó sólo al 2,2% de los votos y ninguno de sus seis postulantes supera el 5%.

Entonces, ¿para qué seguir compitiendo en ese contexto?

En las parlamentarias del 2009 la lógica del Pc cambia drásticamente al hacer un pacto por omisión con la Concertación que ya se había inaugurado en las municipales del 2008. Agotados, derrotados y desilusionados de cinco intentos de romper la “lógica binominal”, cambian su estrategia y táctica política. Con menos postulantes y mucho menos votación que en elecciones anteriores logran un gran triunfo político-electoral instalando en el parlamento a tres diputados. En esta elección, no llevan postulantes al Senado.

Como fuerza intermedia (en torno al 5% de los votos) han entrado a uno de los bloques del duopolio. Y con ello, han logrado la clave para formar parte de la institucionalidad. Ahora, dentro de la Concertación y con sólo nueve postulantes y el 2% de los votos obtienen tres representantes. Otra paradoja de un modelo electoral agotado.

Finalmente, si consideramos los pactos de los cuales formo parte entre las parlamentarias del ’89 y del 2005, vemos que en esas cinco elecciones debieron elegir un total de 32 diputados. Sólo logran dos (en el ’89); de ese total, a lo menos, 26 deberían haber sido comunistas. Una desilusión tremenda; derrota político-electoral y victoria moral. Eso no servía. A nivel Senatorial, los hechos se ajustan a la realidad de lo que debió ocurrir en un sistema proporcional. De hecho, sólo en dos oportunidades a nivel de pacto y de partido se superó el umbral del 5%; en 1997 y en el 2005.

El éxito del “pacto por omisión” ha abierto una oportunidad. Para el Pc llegar al parlamento y sumar algunas alcaldías; para la concertación, sumar votos y retener una votación histórica que se ha ido diluyendo. Para las próximas municipales la fórmula se repite. Sin embargo, habrá que definir lo que pasara en las parlamentarias y en las presidenciales del 2013. El romance avanza.

Por ahora, hay que seguir esperando los consensos necesarios para modificar el binominal que ahoga las minorías políticas y genera las condiciones –junto a otras variables- para la profundización de la crisis de representación, participación y legitimidad que hoy se han instalado en el seno de la sociedad chilena y que se expresa con mucha fuerza e intensidad en la calle a través de la movilización social.